La magia de las redes

Uno de los escándalos más sonados en las redes sociales en los últimos días, de esos que se hacen virales y se convierten en “trendingtopics”, fue sin duda el de la ya afamada #Lady100Pesos. Para quienes no vieron el vídeo lo resumo en este espacio: una hermosa dama guanajuatense, con su mayoría de edad recién cumplida, es detenida por elementos de la policía municipal al conducir su vehículo después de impactarlo contra otros, en un evidente estado de ebriedad. La chica intenta inútilmente sobornar a la autoridad con un billete de 100 pesos, hasta que finalmente es sometida y subida a la patrulla.

Muchas reflexiones pueden derivarse del bochornoso episodio. No me convertiré en uno más de sus verdugos como los que la calificaron con toda clase de epítetos funestos e hicieron escarnio de su desgracia. Por supuesto que condeno su irresponsabilidad al conducir pasada de copas, pero ya pagó su falta con la detención, con multa y con creces.

Corromper (o pretender hacerlo) a una autoridad no es una falta menor. En este caso, quedó en frustrado intento por la resistencia estoica de los guardianes del orden a aceptar el billete. Quizá en ese rechazo influyó la baja denominación del óbolo ofrecido o la presencia intimidante de una cámara de vídeo. Nunca lo sabremos.

La corrupción, lo he sostenido en diversos foros, es la consecuencia de otro mal mayor llamado deshonestidad. A atacar ese flageo es hacia dónde debemos dirigir nuestras energías, reforzando valores y creando incentivos sociales correctos. Una adolescente como #Lady100Pesos no es más que una víctima de algún hogar disfuncional y una sociedad en proceso de descomposición.

Sus primeras declaraciones al alcanzar nuevamente su libertad fueron de disculpa y de arrepentimiento. Realmente, se percibe en su actitud la perplejidad y el bochorno que alguien siente cuando cobra conciencia de la magnitud de las consecuencias de sus actos. Sabe que nada volverá a ser igual, y no necesariamente para bien.

Y así fue durante los primeros momentos. Luego, todo comenzó a cambiar como producto de un extraño sortilegio. Los insultos groseros, los juicios sumarios, las burlas lacerantes y los “memes” ofensivos dieron paso a las muestras de solidaridad. En pocos días aumentaron en decenas de miles sus seguidores en las redes sociales, que ella desconoce como propias. Aún así, el efecto de atracción existe y sería la envidia para cualquier político moderno.

Esa es la magia de las redes sociales. En cuestión de horas destruyen reputaciones o crean celebridades. Hago votos porque estas últimas sean lo suficientemente maduras y responsables como para convertirse en modelos dignos para la juventud y en ejemplos de lo que todos queremos como sociedad.

Una oportunidad de oro para dejar huella y para trascender aportando algo de valor a la humanidad.


emym@enriquemartinez.org.mx