La magia perdida

Cursar una carrera universitaria era garantía de triunfo en los ámbitos laboral, social y personal. Así fue durante algún tiempo y hace algunos años. Conseguir beca de alguna reconocida universidad privada, o acreditar el examen de admisión de la escuela pública superior, era el preludio de una vida promisoria.
Lo único que entonces tenía que hacer el futuro universitario era atender las clases, disfrutar la envidiable vida de estudiante,pasar los exámenes y esperar el momento de recibir el tan anhelado título profesional, que a manera de llave maestra, abriría todas las puertas imaginables.
Después, el documento franqueaba las puertas al éxito casi por encanto.
Pero en algún momento algo pasó. Cambiaron las circunstancias y la economía mundial evolucionó para arrebatarle la “magia” al documento acreditador de los estudios universitarios.
En los últimos años, según la “Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE)” elaborada por el INEGI, el grupo de personas desempleadas con educación media y superior ha incrementado su participación como proporción del total, llegando hasta niveles cercanos al 40% en el 2013.
¿Las razones? Sin duda, es un fenómeno complejo fruto de variadas circunstancias. Una de ellas será quizá la mayor oferta de espacios educativos a nivel profesional superior a la demanda de mercado. Recordemos que del 2000 a la fecha hemos crecido, en promedio, a una tasa inferior al 2%.
Afortunadamente, dicha situación ya comienza a revertirse. Gracias a la llegada de las reformas estructurales, la perspectiva de crecimiento para este año es más del triple que en 2013. Paralelamente, los niveles de Inversión Extranjera Directa del último ejercicio llegaron a su máximo histórico, superando los 35 mil millones de dólares.
Otro motivo es la tradicional desvinculación del sector académico con el laboral. A pesar de los esfuerzos realizadospor algunas universidades y gobiernos estatales, seguimos graduando profesionistas en especialidades saturadas, como leyes y contaduría, mientras crece la demanda insatisfecha en algunos tipos específicos de ingeniería.
Sin embargo, llamaron poderosamente mi atención los resultados de la “Encuesta de Competencias Profesionales 2014”, elaborada por el Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC), sobre las razones de la renuencia a contratar a los profesionistas: en México, 9 de cada 10 de ellos no son empleados por carecer de “competencias básicas”.
Y la Encuesta no se refiere a las competencias “duras”, que son las habilidades adquiridas en la escuela. En eso estamos bien. Se refiere a las “suaves”, es decir, a las relacionadas con la personalidad, el liderazgo, el trabajo en equipo y la comunicación oral y escrita.
Información reveladora que obliga urgentemente a adecuar la estrategia educativa a esta nueva exigencia y allanar así las puertas del mercado laboral a nuestros nuevos profesionistas…
Y para rescatar la magia perdida de un título universitario.


emym@enriquemartinez.org.mx