La lección de los cangrejos

Hace algunos años llegó a mi bandeja un correo titulado La Fábula de los Cangrejos Mexicanos. Lo leí más por curiosidad que por convencimiento. Al terminar, mi primera reacción fue de molestia y negación, aunque después de meditarlo caí en cuenta que tenía sentido. Va:
En el puesto de un mercado había tres canastas con cangrejos. Ante la curiosidad de un cliente, el encargado le explicó: “Son de diferentes nacionalidades, por eso los tengo separados. La primera canasta tiene cangrejos norteamericanos. Está tapada con una tabla porque si no  trepan por su propio esfuerzo y escapan”.
Y continuó explicando: “La segunda canasta”, una más alta y tapada con ladrillos, “contiene cangrejos japoneses. Ellos se apoyan mutuamente. Forman una pirámide, y cuando la mayoría ya está afuera ayuda a salir a los demás. Por eso el cesto tiene ese tamaño y está tapado de esa forma”.
“Y la tercera, ¿por qué está destapada?”, preguntó el cliente. “Ah, ahí no hay problema: son cangrejos mexicanos, y cuando uno quiere salir los demás lo jalan hacia abajo.”
Estudios recientes, como el realizado por el economista Robert H. Frank, demuestran que la inmensa mayoría de las personas preferiría ganar 100 mil dólares al años si sus vecinos y conocidos ganaran 85 mil, en lugar de 110 mil si el resto ganara 200 mil.
Como vemos, los sentimientos de envidia y de egoísmo no son exclusivos de los mexicanos y de ninguna nacionalidad. De hecho vienen incluidos en la información genética de los seres humanos como parte del instinto de conservación y supervivencia.
Pero los mexicanos padecemos de otro problema, un fenómeno más parecido al malinchismo. “Nadie es profeta en su propia tierra”, reza el dicho popular, y vaya que en las últimas semanas ha cobrado vigencia.
Mientras que la prestigiosa e influyente revista inglesa “The Banker” nombró Secretario de Finanzas del Año a Luis Videgaray, y el semanario “América Economía” lo situó en el primer lugar de su ranking de ministros Latinoamericanos por su desempeño en el logro de las reformas estructurales del país, las menciones positivas domésticas son contadas.
Más recientemente, “LatinFinance”, revista líder especializada en los mercados financieros latinoamericanos, otorgó al gobierno mexicano los premios de “Mejor Emisor Soberano del 2013” y “Mejor Transacción de Manejo de Pasivos 2013”, menciones que prácticamente pasaron inadvertidas.
Y ni qué decir de las referencias internacionales sobre el Mexican Moment, que crecen cada día, o de las recientes declaraciones del otrora embajador de EUA en México, Tony Garza, transmitiendo el optimismo de nuestros vecinos del norte con respecto a la reforma energética.
El vaso estaba casi vacío. Con las grandes reformas estructurales emprendidas por el gobierno de Enrique Peña Nieto ya lo llevamos a la mitad. Ahora de nosotros dependerá si lo vemos medio lleno, como ya se ve en el extranjero, y ayudamos a verlo rebosante.
Moraleja: aprendamos de los cangrejos.


emym@enriquemartinez.org.mx