El hombre del trenecito

Los seres humanos somos muy sensibles. Una microscópica bacteria puede postrarnos días en cama; un insulto puede hacernos llorar, y un agradable paseo campirano sin la debida protección puede quemarnos la piel.Somos sensibles a las enfermedades, a los cambios de temperatura y a la opinión que de nosotros tengan los demás, pero sobre todo, somos sensibles al precio.Hace unos días tuve la oportunidad de visitar la Feria de Guadalupe. Me encontraba con mi esposa y algunas parejas de amigoscenando en las instalaciones de la Unión Ganadera Regional de Nuevo León, cuando llamó mi atención el paso de un trenecito por el corredorprincipal.Era su segunda vuelta sin pasaje. Portaba un cartelón anunciando el precio: 30 pesos.A la media hora volvió a pasar. Había cambiado el letrero; ahora decía 20 pesos y llevaba seis personas a bordo. Al cabo de una hora había vuelta a bajar la tarifa, ahora a 10 pesos,  y todos los vagones iban a su máxima capacidad. No se necesita ser economista para saber quecuando sube el precio de un bien su consumo se reduce. Sólo los denominados “Bienes Giffen” obedecen a un efecto contrario: a mayor precio, mayor demanda.Pero esto tiene su explicación: regularmente son alimentos muy básicos que en periodos inflacionarios se consumen más aunque su precio haya subido, ante la imposibilidad de adquirir alimentos como carnes y lácteos aún más caros.Existe la creencia de que la reducción de precios es positiva para la economía. Sí favorece a los consumidores (los paseantes de este ejemplo ahora podrán divertirse en otras atracciones o repetir el viaje), pero perjudica a los productores: el hombre del trenecito tendrá que recortar la nómina y quizá hasta posponer el cambio de su vehículo… Con los efectos secundarios económicos que esto implica.El precio es un instrumento para volver eficientes y equilibrar los mercados; es un medio, no un fin en sí mismo. Los precios se modifican por cambios en los gustos y preferencias de los consumidores, en las tecnologías, en el marco legal y hasta en la moda. Cuando comienza a desvanecerse la demanda por un bien, su precio bajará y será producido hasta que ya no sea costeable. En el proceso, la competencia motivará que únicamente permanezcan los más eficientes, liberando recursos hacia mercados más rentables. Vivimos en un mundo globalizado y comunicado. Los cambios en las preferencias de los consumidores son vertiginosos y su reflejo en el sistema de precios no es inmediato; mientras tanto, la economía pierde. Descubrir las nuevas tendencias, cuantificar impactos, regionalizar preferencias y reetiquetar los productos puede ser un proceso que lleve meses. Los sistemas de asignación de precios de una cadena internacional de supermercados son más complejos que los utilizados por el hombre del trenecito.Para mantenerse competitivos sólo queda aplicar las innovadoras herramientas tecnológicas que ponderen la sensibilidad humana a las variables exógenas y nos ayuden a encontrar el precio correcto. 


emym@enriquemartinez.org.mx