Entre la espuela y la brida

Todos los excesos son malos. Mal se ve aquél a quien se le pasan las copas, pero no luce mejor quien rechaza un brindis de celebración. Las posiciones maniqueas y absolutistas suelen ser fuentes de problemas y conflictos. Para penetrar en las entrañas del planeta y afianzarse como principios hegemónicos, el capitalismo, la globalización y el libre comercio se valieron de los postulados de la teoría económica ortodoxa. Palabras como eficiencia, productividad y competencia se convirtieron en la obsesión occidental.Al abrirse al comercio, economías tradicionalmente cerradas (como las socialistas) o las que contaban con algún modelo de sustitución de importaciones (como la nuestradel siglo pasado) tendrían una ventaja más, negada a los consumidores hasta entonces y muy valorada por ellos: alternativas.La ineficiencia y el abuso de los monopolios, así como la monotonía y la mala calidad de las marcas únicas, darían paso a la abundancia de opciones y, por lo tanto, a un nivel mayor de satisfacción del ciudadano. A mayor cantidad de posibilidades, mayor será el bienestar derivado en la persona, pero hasta cierto punto. Estudios recientes en la Universidad de Columbia demuestran que cruzando cierto umbral una mayor cantidad de opciones nos hace menos felices.Recuerdo, de niño, las alternativas televisivas no pasaban de un puñado. Posteriormente, con la llegada de la televisión por cable podíamos decidir cuál elegir de entre algunas decenas de posibilidades, en abono a nuestro bienestar. Ahora, la abundancia exagerada de canales ofrecida por las compañías de televisión satelital, con todo y su alta definición, causa un sentimiento constante de ansiedad ante la incertidumbre de haber hecho la elección correcta de programa.Al conocer sobre esos estudios entendí la razón de mi satisfacción, aparentemente inexplicable, al modificar mi contrato de televisión satelital para suprimir canales, aun y cuando el ahorro en pesos fue marginal.Poco a poco también he cambiado el hábito frustrante de pararme frente la pizarra de las franquicias que venden una infinidad de opciones de café, por la deliciosa, sencilla, aromática y económica infusión ofrecida por una cadena nacional de tiendas de conveniencia.De igual forma, me resulta difícil erradicar el sentimiento de culpabilidad después de hacer la elección de un platillo cuando el menú en el restaurante se asemeja más al programa de una obra de teatro que a una relación de comidas, postres y bebidas del día.Sin duda las inteligentes fuerzas del mercado internalizarán esta nueva variable y en el mediano plazo propondrán un equilibrio que ofrezca justolas posibilidades para mayor satisfacción de los consumidores.“La razón está entre la espuela y la brida”, reza un adagio inglés. Únicamente la tibieza en cosas del amor, de lealtad y del trabajo es condenable. Para todo lo demás, un saludable punto medio puede ser la mejor opción para evitar la tediosa encrucijada de las alternativas. 


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