El costo oculto de la inflación

Además del crecimiento del PIB, una de las cifras más esperadas por los economistas al término de cada año es la de la inflación. Pocas son las horas entre su publicación y la andanada de opiniones de analistas haciendo comparaciones con los pronósticos, los ejercicios anteriores y la meta del Banco de México.
La inflación en 2013 fue de 3.97%, ligeramente superior a la esperada. Al darse a conocer la cifra, alguien me preguntó: “¿Cuál es su costo real para mí?” La respuesta, como la mayoría de las respuestas en economía, es “depende”.
Si un individuo tiene un crédito con un banco a tasa fija, le convendrá una inflación alta porque pagará su adeudo con “pesos inflados”; es decir, se le abaratará su pasivo, mientras al banco le sucederá lo contrario. Un agente económico gana; el otro pierde. El efecto neto en la eficiencia de la economía se reduce a cero.
El precio real de la inflación se genera cuando la gente toma acciones caras para evitarla que no benefician a nadie. Las personas y las empresas cargan menos efectivo. Las cuentas de cheques a la vista se minimizan. Esto incrementa los costos por transacciones,que van desde el tiempo perdido en la fila de un cajero hasta los altos costos financieros para salir de alguna emergencia de flujo.
El tamaño de esos valores transaccionales es proporcional al de la inflación. Recordemos cómo durante la hiperinflación húngara después de la Segunda Guerra Mundial los precios del pengó (su moneda entonces) se multiplicaban por 100 cada mes.
Cabalgaba a tal ritmo este fenómeno que el gobierno húngaro llegó a emitir billetes de ¡100 trillones (100.000.000.000.000) de pengós!
A los trabajadores se les pagaba tres veces al día. El tiempo se les escabullía a sus esposas entre el ir y venir del lugar de trabajo de sus maridos y los bancos. Urgía depositar los cheques antes de que perdieran su efímero valor. Pagaban ellas un gran costo oculto: el desaprovechar todo el día para actividades más productivas que gastar las suelas y la energía de esa forma.
Algo parecido sucedió en Alemania después de la Primera Guerra Mundial. El gran economista John M. Keynes observó cómo los clientes de las tabernas llegaban temprano y pedían varias cervezas por adelantado, sabedores de que minutos más tarde subiría el precio. Tomar cerveza caliente fue uno de tantos costos escondidos de la inflación.
Una alta inflación también dificulta realizar presupuestos y planes de inversión, pues genera incertidumbre. Pero el mayor precio de todos es el miedo indeleble en nuestro subconsciente de volver a padecer las desastrosas experiencias del siglo XX en términos inflacionarios, pues nos puede llevar a tomar decisiones incorrectas.
Hoy las condiciones de México son diferentes. Al erradicarse las barreras, inercias y tabúes que frenaban el crecimiento económico,un poco de inflación es natural cuando la economía empieza a despertar. Al tiempo…


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