El canto de las sirenas

“Nada es permanente, a excepción del cambio”: Homero


A diferencia de lo mostrado por Walt Disney,las sirenas en la mitología griega, y en la mayor parte de las culturas,se representan como creaturas malignas que enmascaran su verdadera naturaleza detrás de una belleza cautivadora.Cuenta Homero en el Canto Duodécimo de su fabulosa Odisea que Ulises--nombre castellano del héroe griego Odiseo-- conocía los efectos mortales del hipnótico canto de las sirenas en los seres humanos.Por tal motivo, ordenaba a su tripulación amarrarlo al mástil principal del navío y ellos taparse los oídos con cera para no escuchar la melodía que los arrastraría a las fauces de las seductivas mujeres-pez; pero sobre todo para no atender sus futuros ruegos de liberación. Naturalmente, Ulises cede al escuchar aquellas voces con tono de angelicales sopranos, y maldice sus precauciones. Trata inútilmente de liberarse y pide auxilio a sus navegantes, quienes continúan inmutables en sus menesteres.Decía Heráclito, uno de los filósofos más antiguos de los que se tiene registro, que un hombre no se baña nunca dos veces en el mismo río, porque ni el hombre ni el río son los mismos un instante después.Los hombres cambiamos con el tiempo, pero da la impresión de que el Ulises precavido y el Ulises bajo el influjo del canto melifluo de las sirenas, son dos personas completamente distintas.La fuerza de voluntad es la menos voluntariosa de las fuerzas y abandona pronto a los débiles. Quienes desean bajar de peso saben que vencer las tentaciones culinarias no es cosa fácil, por lo cual algunos deciden someterse a una cirugía para achicarse el estómago.Quienes asumen de imprevisto una posición de poder sin haberse preparado para ello, son los más vulnerables a alejarse del camino de la rectitud. Pocos son los que se encumbran con una intención deshonesta de origen. La inmensa mayoría  sucumbe al llamado de las nereidas.Por supuesto hay quienes--los menos, por desgracia-- se amarran al mástil y logran sustraerse de las tentaciones del poder.El fortalecimiento de la autonomía de las instituciones vulnerables --como las electorales, las energéticas, las monetarias, las de competencia, las políticas y las de impartición de justicia-- es indispensable.Pero es necesario dotarlas de una buena cantidad de cera a fin detaparles los oídos y evitar que se prendan de aviesas instrucciones o ambiciones.Más institucionalismo y menos caudillismo, ése es el camino.Las reformas propuestas caminan por esa vereda, cuya única meta es abatir la desigualdad social y abonar al anhelado crecimiento económico.Hago votos, entonces, porque al debatirse las leyes secundarias se privilegie el fortalecimiento institucional sobre cualquier otro interés, y porque nuestros legisladores no se dejen llevar por la vocalización seductora de las míticas ninfas marinas. 



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