No nos ha caído el veinte

Finalmente sucedió la temida tragedia: después de mantenerse alto durante algunos años, el valor del crudo cayó drásticamente. Crecimos en la creencia de la conveniencia de precios altos del petróleo a partir de un silogismo muy sencillo: somos un país exportador de crudo; por tanto, si vale menos ganamos menos.  Sin embargo, las relaciones económicas son más complejas que eso.El nuestro es un mundo globalizado.

Es cierto que la baja de los precios internacionales ha traído impactos presupuestales. Sin duda una mala noticia para las entidades consumidas por la deuda, pero la excusa perfecta para los maniatados funcionarios por la anquilosada burocracia, con ánimo responsable de adelgazar nóminas y transformar programas.  La depreciación de la moneda no ha generado un efecto inflacionario porque, principalmente, los importadores han absorbido el incremento del precio sin transferirlo al consumidor final.

La caída del precio de las gasolinasen nuestro vecino del Norte ha ocasionado un disparo en la adquisición de automóviles nuevos, principalmente camionetas, como no se veía desde 2008. Para enero nuestras exportaciones de vehículos a EUA reportaban ya un incremento superior al 15%; por cierto, ventas muy bien pagadas dado el tipo de cambio actual.

Hace tres décadas, 9 de cada 10 vehículos comprados por norteamericanos eran de marcas nacionales; hoy, solamente 4. ¿Se ha perdido el nacionalismo estadounidense? No lo creo.

Es consecuencia de la misma globalización, proceso que, a veces, nos mete en líos y en otras nos saca. Ahora muchas de las marcas demandadas por el mercado norteamericano, incluidas asiáticas y europeas, son ensambladas en México, lo que nos permite beneficiarnos de la circunstancia. No nos ha caído el veinte que México ya no es un país exportador de petróleo, sino de manufacturas.

Menos del 20% de nuestras exportaciones son de crudo, mientras que importamos cerca del 50% de las gasolinas (actualmente muy baratas) que consumimos.El diferencial de precio entre compra y venta, junto con las coberturas petroleras adquiridas por Hacienda, aminorarán mucho la caída del precio del energético.Como vemos, la tragedia no es tal. Se pierde en unos rubros pero se gana en otros. Más bien creo que la autoridad fiscal está actuando con responsabilidad, aprovechando la coyuntura para poner orden, trasparentar procesos y realizar ajustes.Y eso es, precisamente, lo que urge en estos momentos. 


emym@enriquemartinez.org.mx