Entre abogados te veas

Recién asumí la Delegación de Economía en Nuevo León, cuando me anunciaron la llegada de un grupo de estudiantes de una reconocida preparatoria. “En su clase de orientación vocacional,les encargaron de tarea entrevistar a un economista”, explicó la secretaria.
--Muy lógico--le respondí--. ¿Dónde más puedes encontrar un economista sino en la Secretaría de Economía? Que los atienda cualquiera de nuestros economistas.
--Licenciado –replicó --, el único economista en la Delegación es usted.
 --¡Cómo?--pregunté desconcertado--. Entonces, ¿con qué profesiones contamos?
--Con varias –respondió--, pero principalmente abogados.
Y no es que los puestos se hubiesen asignado de forma arbitraria. En el Gobierno Federal existe un Servicio Civil de Carrera que, aunque perfectible, requiere para cada función el perfil adecuado, basado en su formación académica y en su experiencia.
Ahí comencé a tomar conciencia de la gran dependencia e interacción entre ambas disciplinas. Los economistas pensamos en términos de eficiencia, mientras que los abogados lo hacen en función de la justicia. Son estructuras mentales distintas, pero no divergentes; se complementan, más bien.
Las disputas entre particulares han existido desde tiempos ancestrales. “Externalidades” son las acciones tomadas por un agente económico y que afectan a otro. Como el mercado falla en asignar una solución eficiente y pacífica, se requiere la intervención de un tercero, de un árbitro, cuyo fallo sea inapelable.
Todos debemos ser responsables por nuestras acciones y cargar con sus costos. Cuando esto no sucede se obtienen equilibrios económicos ineficientes.
Hace alrededor de un siglo el economista inglés Arthur Pigou propuso que el Estado, a través de su poder judicial, estableciera restricciones legales e impuestos en contra de los generadores de las externalidades negativas: la empresa contaminante, el camión ruidoso o el vecino fiestero.
Una solución justa, pero no eficiente. ¿Qué tal si la empresa daba empleo a la mitad del pueblo, el camión transportaba vacunas para salvar vidas o el vecino valoraba más su libertad que nosotros el sueño?
Ronald Coase, otro economista inglés, ganó el Premio Nobel de Economía al proponer una solución al respecto a través del teorema que lleva su nombre. Mantenía que si el Estado, en lugar de establecer sanciones o restricciones a acciones indeseables asignara los derechos de propiedad a las partes en disputa y les permitiera negociar, el resultado económico siempre sería el óptimo.
Una oleada de temas a discutir vendrá con las leyes secundarias de las reformas. Desde la conveniencia de la utilización de semillas genéticamente modificadas, hasta la sustentabilidad de la explotación del gas shale.
Por ello es indispensable que el debate se realice a la luz de la justicia, pero también de la eficiencia. Y nada mejor que complementando la capacidad, la experiencia y la mentalidad de abogados y economistas en pos del futuro de México.


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