Xenofobia irracional

En memoria del gran Gabo.


México necesita materia gris. Durante décadas, nuestro país ha sido un expulsor neto de mano de obra hacia otros países, principalmente Estados Unidos.
Cuando hablamos del fenómeno migratorio con nuestro vecino del Norte regularmente se nos viene a la mente el aspirante a bracero arriesgando heroicamente su vida al cruzar el río o el desierto en busca de una mejor oportunidad para ganarse el sustento.
Pero no es el único caso ni el más grave. Mentes brillantes abandonan nuestra  patria para continuar sus estudios y no regresan, o simplemente se van porque aquí no encontraron una oportunidad a la altura de sus capacidades.
Muchos años lleva a este drenado de cerebros, razón por la cual el déficit de talentos en México es grande. Alfonso Cuarón, en el Séptimo Arte; Mario Molina,Premio Nobel de Química, y el astronauta Rodolfo Neri Vela, son ejemplos de mexicanos que cultivaron su talento en el extranjero y cosecharon sus frutos allá mismo.
Si queremos converger con los niveles de las principales economías, no sólo debemos generar políticas para retener el intelectonacional, sino también para importarlo. El primer paso es modificar nuestros arquetipos. Los mexicanos, por naturaleza, tenemos aversión al extranjero. Alimentamos tal desconfianza desde niños, cuando fuimos adoctrinados e instruidos como fieles soldados por si “osare un extraño enemigo profanar con su planta” el suelo patrio.
Y no es para menos. Después de haber conquistado, a fuerza de sangre y sudor, nuestra independencia de España, nos enfrentamos a una invasión de Estados Unidos, quien no mostró el menor recato para, aprovechándose de nuestras pugnas internas, apoderarse de más de la mitad de nuestro territorio.
Todavía no terminábamos de asimilar el eufemístico “Tratado de Paz, Amistad, Límites y…”,cuando los franceses ya estaban desembarcando en Veracruz, dispuestos a instaurar un remedo de monarquía europea en lo que nos quedó del territorio nacional.  
Esa xenofobia se ha plasmado en nuestro entramado legal, el más draconiano en todo el Continente. Un claro ejemplo de ello es el de los requisitos para aspirar a algún cargo de elección popular: para ser desde presidente de la República hasta suplente de regidor se requiere ser “mexicano por nacimiento”.
Si esa política aplicara en Estados Unidos, Henry Kissinger, no hubiese sido secretario de Estado ni Schwarzenegger gobernador de California. Por el contrario, construyó su destino con inmigrantes, quienes han aportado una cuarta parte de los Nobel obtenidos por ese país.
Israel es otro caso de éxito. Ha captado a los judíos exiliados de otros países, principalmente Rusia, con todo su acervo académico en beneficio de su economía.
Cierto: No es fácil romper con viejos paradigmas y vencer complejos ancestrales. Pero si no deseamos que actitudes chovinistas nos condenen al ostracismo en plena globalización, debemos superarlos.


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