Ventanas rotas

Para los estudiantes de la administración, tanto pública como de empresas, es obligada la referencia hacia la “Teoría de las ventanas rotas”; bueno, cuando menos lo fue en mis tiempos estudiantiles. Ahora, gracias a la magia del internet y las redes sociales me he vuelvo a topar con ella. No pasa da moda. Por el contrario, cada día gana más vigencia.

Hace algunas décadas, investigadores psicosociales de la Universidad de Stanford llevaron a cabo un singular experimento. Dejaron dos vehículos idénticos abandonados, uno en el Bronx de Nueva York, lugar reconocido por sus altos índices de inseguridad y pobreza; el otro, en Palo Alto, en California, barrio acomodado y caracterizado por su habitual tranquilidad.

Después de una semana se observó lo esperado: el primer vehículo había sido completamente desvalijado y vandalizado, mientras el segundo permaneció intacto. ¿Se corroborabael viejo axioma deque pobreza genera delincuencia? Sin embargo, el experimento no terminó ahí. Los investigadores rompieron un cristal del coche abandonado en Palo Alto y, ¡oh sorpresa!, al poco tiempo, y de manera gradual,observaron el mismo fenómeno delictivo que en el Bronx.

¡Los hallazgos del sencillo experimento son enormes! Si la pobreza no es la causa de la delincuencia, entonces ¿cuál es? Thomas Hobbes, filósofo inglés,propuso su teoría de absolutismo político partiendo del hecho que el hombre es malvado por naturaleza, dominado por las bajas pasiones y víctima de un irremediable egoísmo.

Estudios recientes y experimentos como el que nos ocupa demuestran que Hobbes no estaba tan equivocado. En general, los seres humanos poseen una dosis de salvajismo, irracionalidad y violencia contenida en su información genética, regularmente en forma latente, heredada de ancestros lejanísimos, quienes requerían esos instintos para sobrevivir ante otras especies.

Cierto es que esos impulsos son imposibles de erradicar, pero también lo es quepueden mantenerse dormidos. ¿De qué depende? De que la sociedad, en su conjunto, no genere estímulos para despertarlos.

Si un vidrio se quiebra, debemos remplazarlo inmediatamente. Si la sociedad tolera pequeñas faltas, pronto se convertirán en delitos mayores. Desde las reglas que parecen menores, como la prohibición de fumar en espacios cerrados, los límites de velocidad y los horarios de venta de alcoholdeben ser estrictamente observadas. De otra forma, estamos dejando al criterio del ciudadano decidir qué leyes observar y cuáles no: el principio del fin de una sociedad.

La dejadez trae como consecuencia deterioro; la abulia genera destrucción. Si una persona descuida su salud pronto su cuerpo le cobrará la factura; de la misma forma, si una comunidad se desentiende de sus asuntos políticos y sociales pronto todo se comenzará a podrir y descomponer, y tarde o temprano todos pagaremos caro el descuido.

No azucemos nuestros instintos atávicos. Una buena forma de evitarlo es inculcar en nuestros hijos,desde pequeños, respeto a las reglas básicas de la convivencia familiar, estudiantil, vecinal, comunitaria… Reglas que los mismos adultos debemos empezar por respetar.

De lo contrario, los genes primordiales del homo sapiens siempre terminarán por imponerse.


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