El Velo de la Ignorancia

En los últimos 20 años, la apertura comercial ha logrado reducir, según la revista The Economist, en mil millones la cantidad de pobres sobre el planeta. Desgraciadamente todavía quedan otros mil que viven en esa lamentable circunstancia, 60 millones ubicados en nuestro país.
Largo, apasionado e intenso ha sido el debate filosófico sobre el acuerdo social óptimo. Desde el capitalismo puro promotor de la eficiencia, propuesto por Adam Smith, hasta el comunismo más recalcitrante en pos de la justicia social ideado por Karl Marx, pasando por todas las fórmulas intermedias, han tenido sus defensores y detractores a lo largo de la historia.
John Rawls, profesor norteamericano de filosofía política de Harvard en el siglo pasado, nos presenta una teoría, un método, para acercarnos lo más posible a una justa distribución de la riqueza.
Imaginemos que antes de nacer nos es ofrecida la posibilidad de decidir sobre el tipo de sistema político y social del país al que iremos, así como los impuestos a recaudarse y los programas sociales compensatorios a otorgarse.
La única condición es dejar que se nos cubra con “el velo de la ignorancia”. Un velo mágico que nos permite conocer la realidad social actual pero nos oculta nuestras futuras identidades.
De esta forma tenemos que decidir a ciegas, sabiendo que contamos con la misma probabilidad de ser cualquier persona, sin conocer si seremos un atleta superdotado o curaremos una discapacidad mental; si naceremos en Cochoapa el Grande en Guerrero o en San Pedro Garza García en Nuevo León; ni si nos tocará una familia amorosa con el futuro económico resuelto, o una que nos abandone al nacer.
No nos es permitido tan siquiera conocer nuestro sexo, el color de nuestra piel o nuestras capacidades básicas. ¿Qué decidiría usted?
En el agregado, las propuestas de sistema óptimo deberían ser muy similares y garantes de la justicia social, sería lo lógico. Sin embargo, falta considerar los niveles de afinidad al riesgo que tienen los individuos.
Cierto es que la mayoría de la población muestra aversión al riesgo. Estudia, por ejemplo, carreras con mayor empleabilidad aunque perciban sueldo menor. Pero también hay ingenieros físicos industriales, petroleros o espaciales cuya posibilidad de empleo se reduce, pero con sueldos enormes.
De tal forma que la mayoría propondría un sistema compensatorio redistributivo, quitando a quienes tienen y dando a quienes no, aunque elimine el sistema de incentivos generador de eficiencias. Pero habrá otros, los amantes del riesgo, que opten por propuestas más de carácter capitalista que paternalista.
México se encuentra en un proceso de definición. Hacer este tipo de ejercicios, y ponernos por unos momentos “el velo de la ignorancia”, nos puede ayudar a visualizar las propuestas desde una perspectiva menos egoísta y más comunitaria.
Todo es cuestión de voluntad y de no perder de vista que, al final de cuentas, todos necesitamos de todos.

emym@enriquemartinez.org.mx