Tiempo de Prospera(r)

Uno de los principales retos que ha enfrentado nuestra nación desde que fue  constituida hace casi 2 siglos, es sin duda el combate a la pobreza. Heredado de la Colonia, este fenómeno se ha convertido en el enemigo silenciosoque corroe las raíces del tejido social, nos ancla inexorablemente al retraso y arroja a nuestros jóvenes a las garras de la delincuencia.Todos los gobiernos han tratado de luchar contra ese flagelo. Muchos años han pasado ya desde que Carlos Salinas de Gortari anunciara en 1988, allá en Valle de Chalco, la creación del Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol) para atender las necesidades básicas de quienes vivían en condiciones de desventaja.Posteriormente, en 1997, Ernesto Zedillo realizó cambios radicales al Pronasol y lo llamó Programa de Educación, Salud y Alimentación (Progresa). Se eliminó la intermediación de comités para administrar y entregar los recursos, acordándose transferirlos a las madres para reducir así las probabilidades de que los jefes de familia los despilfarraran. Se condicionó también su entrega a la asistencia de los hijos a la escuela y a las consultas médicas, pero sobre todo, a continuar siendo pobres.Después, con Vicente Fox, emigra de nombre nuevamente para llamarse Programa Oportunidades. Cambió la denominación, mas no el sentido ni la estrategia. Se siguió el esquema de supuesta corresponsabilidad con la idea que las familias formaran parte activa en su propio desarrollo, lejos del paternalismo y el asistencialismo.¿Los resultados? Es difícil realizar una cuantificación de la pobreza no sesgada, veraz y certera de principios de este siglo hacia atrás. El Consejo Nacional de la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), organismo responsable de medir la política social y la pobreza, se creó apenas en el 2006 y alcanzó su autonomía hasta el 2010. Sin embargo, con los datos disponibles el propio Coneval cuantifica en 53% la proporción de pobres en 1992, exactamente misma cifra observado en 2012. Dos décadas y muchos cientos de miles de millones de pesos destinados a una guerra perdida. Además de la buena intención de sus antecesores, Prospera -el nuevo programa anunciado por el Presidente Peña, con 75 mil millones de pesos asignados para 2015- va más allá, generando una integración laboral y productiva, pero sobre todo, eliminando el incentivo perverso que arraigaba más la pobreza.Si el principal requisito para recibir Oportunidades era ser pobre, pocos en su sano juicio usarían los recursos para abandonar esa condición. Prospera es una apuesta real para mejorar la fisonomía social del país y completar el círculo del desarrollo.No hay programas perfectos ni infalibles. Pero mientras exista voluntad, valor, pasión, visión y oficio político seguirá encendida la llama de la esperanza por un México sin pobreza y sin hambre.Avivarla es el compromiso de Prospera; aprovecharla con sentido productivo, el reto de los beneficiarios, y para éstos, representa el tiempo de prosperar. 


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