Sorry!: Error de dedo

Fue una inquietud que siempre tuve como universitario: ¿Para poder enloquecer los mercados financieros internacionales era siempre indispensable una carrera política, financiera o militar, larga y esforzada?Osama Bin Laden, con sus terribles atentados contra las Torres Gemelas, trajo de cabeza no sólo a Wall Street sino a todos los mercados de inversión. Líder de una secta islámica fundamentalista, invirtió años y mucho dinero para perpetrar sus arteros ataques. El inversionista George Soros se hizo famoso por quebrar al Banco de Inglaterra en 1992 mediante un movimiento especulativo. Lo logró después de una ardua y exitosa carrera financiera, que lo convertiría en uno de los 10 hombres más ricos del mundo.La semana pasada, un operador bursátil de la Bolsa de Tokio lanzó órdenes de compra por un monto superior a los ¡600 mil millones de dólares! por un simple “error de dedo”.Aunque la operación fue revertida a tiempo, no se pudo evitar la afectación de grandes volúmenes de acciones ni el desplome del Índice Nikkei, con sus respectivas consecuencias en el resto de los mercados.La fragilidad del sistema financiero no se circunscribe a errores humanos. Cuando leí la novela de Robert Harris titulada “El Índice del Miedo”, consideré una fantasía futurista el que un algoritmo pudiera perfeccionarse autónomamente y “aprender” de los flujos de información financiera disponibles en Internet para hacer intervenciones por “iniciativa propia” en las bolsas de valores.La teoría de Harris no era tan descabellada: en 2012 los ordenadores de la comercializadora de acciones norteamericana Knight Capital Group Inc. lanzaron posiciones erróneas que condujeron a la pérdida de casi medio billón de dólarespara la empresa.Siempre hemos pensado que las computadoras sustituirán algún día las actividades humanas más mecánicas y simples, las del tipo doméstico y sencillas, cual “Robotina”, el personaje creado por William Hanna y Joseph Barbera en la exitosa serie animada “Los Supersónicos”, que muchos disfrutamos durante nuestra infancia.El tiempo ha demostrado lo contrario: tareasespecializadas de medicina y traducción, y operaciones contables y financieras,entre otras, son realizadas por computadoras. La capacidad intelectual humana es limitada y ha permanecido inalterada los últimos siglos; en cambio, los límites de la informática y los sistemas computacionales aún son desconocidos.En este mundo globalizado la estabilidad de las economías depende, en gran medida, de la buena marcha de los mercados financieros. Su desempeño va estrechamente ligado al crecimiento económico, la inversión, el empleo y el desarrollo social de los países. Dejar su operación en manos de inexpertos o de “ordenadores deshumanizados” y todavía imperfectos, nos posiciona en una permanente situación de vulnerabilidad que obliga a replantear el modelo financiero.De lo contrario, habrá que seguir pagando costos.¡Y vaya qué costos! 


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