Reconciliación

Sus relaciones quedaron rotas como los vidrios de los edificios tomados por los revolucionarios cubanos aquel uno de enero del ‘59. Hasta ese momento, Estados Unidos jugaba un rol económico hegemónico en la isla caribeña bajo la égida el gobierno de Fulgencio Batista. Largos y expectantes fueron los meses de planeación, reclutamiento y entrenamiento guerrillero para cuando finalmente zarpó el “Granma” del puerto de Veracruz. Aciagos e intensos los días de lucha y sacrificio en la Sierra Maestra. Finalmente triunfó Castro con una guerra civil disfrazada de Revolución. Se depuso a un dictador para encumbrar a otro.El embargo yanqui pretendía asfixiar la incipiente economía cubana, política aprovechada hábilmente por la ex Unión Soviética, que comenzó a importar su dulce zafra y a retornar los buques cargueros rebosantes de petróleo, autos y…. ojivas nucleares. Separados únicamente por “ese maravilloso golfo al que ni los gringos le han podido cambiar de nombre: el gran Golfo de México”, en palabras de Catón, la amenaza de los misiles a escasos 150 kilómetros de Estados Unidos puso al mundo al borde de una guerra que hubiese sido de proporciones bíblicas.Cupo la prudencia en John Kennedy y Nikita Kruschevy se logró desactivar la bomba apocalíptica, literalmente. Pero la osadía cubana nunca sería perdonada, y menos aún después del penoso descalabro estadounidense en Bahía de Cochinos.Se logró disipar la tensión nuclear, mas no así el escozor ni la incomodidad para nuestro vecino del Norte. Tener al “enemigo” en el patio trasero implicaba un riesgo latente, no sólo militar, sino de contaminación ideológica hacia el centro y sur del continente. El esfuerzo doctrinario lo impulsaría el Ché Guevara con el patrocinio cubano. Dejó  su vida en el intento en la selva boliviana, lugar en el que todavía deambula su fantasma socialista.México, como su Golfo,  siempre ha estado en medio del conflicto. Hemos tenido que faltar a nuestra solidaridad latina en pos de la complacencia norteamericana, como en lamentable episodio para la diplomacia mexicana del “… comes y te vas”.Al derrumbarse el muro de Berlín, corrió la misma suerte el sistema socialista que lo sostenía y se esperaba que el régimen cubano sucumbiera de igual forma. La perseverancia de los Castro, Fidel y Raúl, además de las características naturales de aislamiento de la isla, lo siguen sosteniendo como uno de los últimos reductos del experimento comunista en el mundo que materializó en 1917.Barack Obama, en un acto realmente revolucionario, deja a un lado los rencores y resabios para abrir una posibilidad de entendimientocon Cuba por primera vez en más de medio siglo.México debe celebrar esa audaz propuesta. La reconciliación de dos amigos nuestros siempre será una buena noticia.Ya se destensaron las relaciones entre ambos países. Viene ahora lo que Raúl Castro considera una lucha “larga y difícil” para acabar con el bloqueo a la Isla. Veremos. 


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