A Pulso

A todas las mamás, especialmente la mía


En el rol procreador la madre es quien se lleva la peor parte. Desde el momento de la concepción su cuerpo comienza a abandonar una figura que, aun y con muchas horas de ejercicio, quizá nunca vuelva a recuperar.
Llega así la necesidad de comprar tallas más grandes. La del guardarropa, guardada permanecerá.
Son nueve meses, larguísimos 270 días y noches de restricciones, dietas controladas y vigilancia médica constantes; no pocas veces, ante amenazas de aborto, la futura madre es obligada a limitar sus movimientos, o hasta a permanecer postrada durante todo el proceso de gestación.
Por si fuera poco, las reuniones familiares o sociales se tornan tediosas. Y cómo no: en ausencia de una humeante taza de café, una infusión herbácea relajante, un refresco de dieta o una cerveza, la convivencia se dificulta.
¿Del tabaco? ¡Ni hablar!
Y que no se le ocurra a la mujer en este trance enfermarse de una gripa o de una infección estomacal, pues tomar medicamentos no es una opción viable durante el embarazo.
Pero esto no es todo, sino una parte de ese viacrucis.
Las alteraciones hormonales, causantes de constantes cambios en su estado de ánimo, los mareos y los desvanecimientos son un verdadero sufrimiento para la mayoría de las futuras madres.
Las periódicas visitas al ginecólogo, incómodas en el mejor de los casos, culminan con el procedimiento más esperado pero no por eso menos complicado y doloroso: el parto.
Sostienen algunas investigaciones queel parto natural genera un dolor físicamente insoportable para un varón, a tal grado que nos invita a pensar: “¡Mil veces preferible un dolor de muelas!”
Cuando es por cesárea, el dolor viene después, acompañado de una muy lenta recuperación, producto de una intervención quirúrgica sumamente invasiva.
Cierto: los avances médicos han reducido muchísimo el riesgo de la madre al momento de dar a luz,  pero no deja der ser un evento crítico que sigue causando muertes.
Por el lado económico, la mujer es quien se lleva la peor tajada. “Tan pronto una mujer tiene un niño, su ingreso cae en picada”, demostró la acuciosa investigadora Marika Morris. Para comenzar, merman sus oportunidades de hallar un empleo digno.
Muy duro le toca jugar a la madre en el rol de la procreación, sin duda. Pero todo eso se desvanece con la primera sonrisa que su bebé le regala después de nacer. Llevarlo en el vientre debe ser una experiencia sublime que los padres nunca conoceremos.
Los cementerios se llenan de dolientes y flores cada 10 de mayo, cosa que no sucede cada tercer domingo de junio. Honor a quien honor merece. Madres, se han ganado nuestro amor a pulso. ¡Felicidades!




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