Pacto de Caballeros

El término “fuero” en el contexto político se ha granjeado, no sin motivo, una connotación peyorativa. Sonados son los casos de abusos por parte de algún funcionario que se cobija en la inmunidad para hacer de las suyas, faltando al marco legal que juró respetar y obedecer.
El fuero, cuando menos en el legislativo, tiene una razón lógica de existir. Se instituyó con el propósito fundamental de que los legisladores pudiesen expresar sus opiniones, aún en contra del Ejecutivo, sin ser reconvenidos por él. Un objetivo loable sin duda, lamentablemente distorsionado con el tiempo.
El término tiene su origen hace más de mil años, cuando por “fuero” se entendía la legislación de una demarcación política, Englobaba las costumbres y privilegios otorgados por el monarca, por lo que era una especie de acuerdo entre el rey y sus súbditos: un pacto de caballeros.
Armando Fuentes Aguirre, Catón, en uno de sus extraordinarios libros sobre “La Otra Historia de México”, ofrece una versión más romántica y emotiva sobre el origen del término. Yo la prefiero por esas razones.
El acontecimiento se remonta a las épocas de la Guerra de Reforma. El General conservador Severo del Castillo, jefe del Estado Mayor de Maximiliano, cae preso por los Juaristas y es condenado a muerte, encargando su ejecución al Coronel Carlos Fuero.
Ya en capilla, el condenado le solicita a Fuero la presencia de un sacerdote y un notario para confesarse y dictar testamento. El Coronel le responde que eso no es necesario: puede irse a poner en orden sus asuntos. Él ocupará su lugar en la celda hasta su regreso.
--Pero, ¿qué garantía tienes de que regresaré para enfrentarme al pelotón de fusilamiento? --preguntó don Severo.
--Su palabra de honor, mi General --contestó Fuero.
--Ya la tienes --repuso el Del Castillo.
La historia relatada por Catón da cuenta de un final ejemplar:
El General Del Castillo cumplió su palabra: regresó en el plazo acordado para ser pasado por las armas. El Presidente Juárez, al enterarse del suceso, decidió premiar la honorabilidad de los personajes mediante el indulto al general Del Castillo y la suspensión de todo procedimiento contra el Coronel Fuero.
La política es –o debiera ser--una actividad hermosa y sublime. Por desgracia, ha sido devaluada por aquellos que se han comportado demanera deshonesta e indecorosa, y por quienes no cumplen las promesas ni respetan los acuerdos. Pero,  por fortuna,son los menos.
Cierto es que todo lo que genere injusticias y abusos debe terminar. Así como con la Reforma Hacendaria desaparecieron programas y regímenes de excepción que daban pie a inequidades y excesos, el fuero debe posponerse hasta que volvamos a aquellos tiempos.
Tiempos de honor y caballerosidad política. Tiempos que sólo la ciudadanía puede rescatar, pues ella es la depositaria única de la fuerza transformadora de nuestro país.Pactemos entonces porque el ejemplo del Coronel Fuero y del General Del Castillo no quede sólo en una bella anécdota de pundonor.


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