Lotería de Ovarios

Cuando un grupo de estudiantes le preguntó a Warren Buffett con base en qué se formaba su ideario político y cómo sería para él el mundo ideal en el que desearía vivir, el destacado inversionista y tercer hombre más rico del mundo obsequió a la concurrencia un experimento fetal, al que llamó “Lotería de Ovarios”.

Pidió a los presentes situarse en el momento previo a su concepción e imaginar a un genio ofreciéndoles la posibilidad de establecer las reglas del sistema político y la estructura económica del mundo en el que estarían por nacer, aunque primero deberían meter la mano a una enorme urna y sacar una ficha, representando cada una de éstas un ovario fértil sobre la tierra y con idénticas posibilidades de ser insaculado. ¿Cómo idearían el mundo y sus reglas?

La siguiente alma por nacer tendría un 60% de probabilidades de sacar ficha asiática, 15% africana, 14% americana y 11% europea; 33% de nacer en una familia cristiana, 22% en familia musulmana, 14% hinduista, 7% budista, 12% otra religión y 12% sin religión; todo esto, según los datos recopilados por la fundación 100people.org y el Banco Mundial.

La probabilidad más alta sería nacer en el seno de una familia que hable chino, con 12%; le siguen el castellano y el inglés (5% cada uno), y 78% nacería hablando alguna de las otras decenas de lenguas o dialectos dispersos sobre el planeta.

Hasta aquí las diferencias son superfluas y externas, y no van más allá del color de la piel, el credo religioso o el idioma. Sin duda el miedo se apoderaría del ser que está por meter la mano a la tómbola cuando se le explique que tiene 17% de probabilidades de nacer en una familia que no sabe leer ni escribir, 23% de no tener electricidad ni refugio, 78% de no poseer o compartir una computadora y 13% de no contar con acceso a agua potable.

El bebé por ser fecundado tendrá 15% de probabilidades de crecer desnutrido, 21% con sobrepeso, 1% de morir de hambre, 15% de tener alguna discapacidad durante su vida, y únicamente un 7% de recibir educación universitaria. Adicionalmente, recibirá con toda seguridad una alta cantidad de odio racial, indistintamente de su etnia, por el simple hecho de respirar.

La propuesta de Buffett no es nueva. John Rawls, entre otros filósofos, ya había propuesto mucho antes, en su “Teoría de la Justicia”, la forma ideal, aunque utópica, para quienes establecen las reglas del juego político, económico y social: en la posición original, los fundadores de la sociedad deberían de hacerlo cubiertos por un “velo de la ignorancia”que les impidiera conocer el lugar que ocuparían en el nuevo engranaje social.

Si todos, pero principalmente quienes idean e implementan las políticas públicas, hiciéramos más seguidos estas reflexiones, indudablemente el planeta tendría otro rostro. No habría necesidad de apostar el presente y futuro de nuestra civilización a ninguna lotería y todos los ovarios serían un lugar digno para nacer.

¿Cierto?


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