Lecciones del loco

Además de hermanarnos con otras naciones, ser el infalible pretexto para la sana convivencia y el deporte nacional por excelencia, el fútbol es  fuente inagotable de sabiduría popular y observatorio natural del comportamiento humano.Los jugadores pueden convertirseen ordenados trebejos de un tablero de ajedrez obedeciendo la directriz del estratega, o en desbandada de individuos a la deriva. El fútbol puede sacar lo mejor y lo peor de la persona, desde el abrazo fraterno al adversario, el balón de cortesía o la mano amiga al caído con la casaca contraria, hasta el artero puñetazo, el ofensivo escupitajo o la letal barrida al oponente. Algunos jugadores son reconocidos por sus hazañas en la cancha: Hugo, por sus chilenas; Cuauhtémoc, por sus cuauhtemiñas; Maradona, por sus manos; Suárez, por sus mordidas, y “el loco” Abreu por…¿sus locuras?Es el encuentro de cuartos de final del Mundial de Sudáfrica. Uruguay y Ghana empatan en tiempo reglamentario y van a ronda de penales. Sigue el turno de cobrar a Sebastián “el Loco” Abreu por parte de la selección celeste. Parsimoniosamente se acerca, coloca con abulia la pelota en el manchón penal y dispara un agónicotiro, flotado, al centro de la portería, burlando al arquero --que increíblemente se lanza a su diestra-- para conseguir así el pasaporte a las semifinales.“¡Otra locura del loco!”, pensaron unos. “¡Qué suerte la de Abreu!”, expresaron otros. Luis Pasteur dijo: “El azar sólo favorece a la mente preparada”. Ni locura ni suerte, sostengo. Su disparo, aparentemente temerario y a las manos del portero, fue una decisión concienzuda, con base en estadísticas.Los economistas Dubner y Levitt estudiaron cientos de penales en ligas europeas y concluyeron que únicamente en el 2% de los tiros de penal el arquero se queda en el centro, y que menos del 17% de los chutes son dirigidos a esa zona.Michael Bar-Eli, de la Universidad de Néguev en Israel, nos explica la razón: los guardametas se arrojan hacia uno de los postes y los tiradores buscan las esquinas y los ángulos para que se perciba su máximo esfuerzo; así, si fallan, el sentimiento de culpa, el regaño del técnico y el linchamiento de la afición serán menores.Al premiarse más un esfuerzo sobre un resultado podríamos generar un indeseado incentivo perverso. Mucho cuidado, no todo es lo que parece. En ocasionesla pertenencia al rebaño nos cubre con un manto de vesania que nos ciega.A veces, la decisión más cuerda posible es actuar con locura.


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