¿Hasta cuándo?

Las comparaciones son odiosas y más cuando no nos favorecen. Pero si no fijamos un referente aspiración al y reconocemos la existencia de áreas de oportunidad, difícilmente podremos provocar un cambio significativo. De la misma forma como el muro de Berlín marcó una radical diferencia en la prosperidad económica en cada una de las partes de la ciudad que dividió, la cerca entre ciudades con origen compartido, como las situadas en ambos lados de nuestra frontera Norte, muestra el contraste entre niveles de vida muy disímbolos en ambas economías. Los economistas Daron Acemoglu y James Robinson tratan de explicar la causa de este fenómeno en su extraordinario tratado titulado Why Nations Fail? (¿Por qué fracasan las naciones?)Muchos son los argumentos ofrecidos por los autores, desde las diferencias climatológicas hasta las religiosas entre ambos países, pasando por las étnicas, raciales, geográficas y de disponibilidad de recursos naturales.Existe otro motivo que por su especial relevancia merece referencia aparte, y en ello coinciden autores como Juan Miguel Zunzunegui: el proyecto de nación.El proyecto que los españoles implementaron durante los 300 años de la Colonia fue de Estado, un territorio más de la Corona para explotar, mediante un esquema feudal de conservadurismo arraigado y utilizando el fervor religioso como método de sometimiento.En cambio, los ingleses vinieron a estas nuevas tierras con un proyecto de vida basado en el capitalismo, el comercio y la creación de valor y riqueza mediante el establecimiento de empresas eficientes, enarbolando la bandera de la modernidad: un nuevo mundo.El fantasma del aguerrido sistema feudal peninsular traído del viejo Continente ha forjado inestabilidad política en México desde su nacimiento. Estados Unidos es casi medio siglo más viejo que nuestro país y ha tenido 44 presidentes. Nosotros, entre imperios, dictaduras, triunviratos, convenciones, interinatos y mandatos constitucionales, llevamos aproximadamente el doble (los historiadores no se ponen de acuerdo en el número).Decía Porfirio Díaz, citando nuevamente a Zunzunegui, que “La razón por la que le va mejor a Estados Unidos es porque una vez que alguien gana la presidencia, el pueblo y los políticos se le unen para trabajar por la nación. En cambio, en México en cuanto alguien toma el poder, todos, enemigos y antiguos amigos, se ponen en su contra.”Lo padeció Díaz hace más de un siglo y lo han padecido todos los hombres en el poder, antes y después que él. Es cierto, muy arraigado en nuestra cultura está nuestro eterno inconformismo y la rebelión permanente en contra de la autoridad. Pero si no entendemos que esa actitud nos jala hacia el abismo y no a ninguna otra parte, nunca podremos salir del atolladero. Vamos para dos siglosde habernos separado formalmente de la Corona. Las desavenencias en torno al poder iniciaron junto con el 21 de septiembre de 1821. Ya han transcurrido casi 200 años y  aún seguimos sin ponernos de acuerdo.¿Hasta cuándo? 


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