La Hipoteca Social

Conocí a David Noel Ramírez Padilla, aunque él no a mí, cuando era Rector de la Zona Norte del Tecnológico de Monterrey y yo estudiante de esa Institución. Siempre me causó una positiva impresión por sus dotes académicos y de liderazgo. Unos lustros después tuve la oportunidad de conocerlo mejor, cuando comenzamos a trabajar juntos desarrollando proyectos económicos y sociales propios de mis funciones desempeñadas en esas áreas como delegado federal en Nuevo León.

La sorpresa más reciente me la dio, ahora como Rector del ITESM, al obsequiarme un libro de su autoría. “Hipoteca Social”, como se titula, es un manual práctico para combatir la pobreza, la desigualdad y la inseguridad en nuestro país con un sólido sustento académico e ideológico.

Una hipoteca, nos explica Ramírez Padilla, es el derecho sobre un bien para garantizar el cumplimiento de una obligación. Hipoteca Social, término acuñado por el papa Juan Pablo II durante la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano celebrado en Puebla en 1979, es la deuda que tienen con la sociedad quienes han sido beneficiados con diferentes carismas y dones, lo que facilita la construcción de un patrimonio.

Esta idea no es nueva. Ya el compendio legal más antiguo del que se tiene registro, el Código de Hammurabi, hacía referencia a “la importancia de la acción social a favor de los necesitados”; la Torá hebrea y el Antiguo Testamento en general, mencionan la solidaridad y caridad en repetidas ocasiones; en la antigua Grecia, la ayuda social no se percibía como una obligación exclusiva del Estado sino de toda la sociedad, mientras que en Roma el Estado asumió esa responsabilidad.

Las guerras más atroces y las revoluciones más sangrientas que ha padecido la humanidad, como lo demuestra Piketty en “El capital en el Siglo XXI”, se han originado por olvidar el pago de la Hipoteca Social. Las guerras mundiales estallaron en el punto máximo de la acumulación de capital y de desigualdad social en Europa, convirtiéndose en catalizadores de inflexión que revirtieron la tendencia. Lo mismo sucedió con  revoluciones como la francesa y la mexicana.

El pago de la Hipoteca Social nos compete a todos los actores sociales, políticos y económicos de una sociedad; no se trata de expedir un cheque, sino de cambiar nuestra actitud y nuestra forma de vida; no es dar una limosna, sino entregarnos nosotros mismos, involucrándonos realmente en los proyectos sociales de nuestra comunidad. Es vencer la abulia, el individualismo, el materialismo, el hedonismo y el egoísmo.

Si no comenzamos a cubrir nuestra Hipoteca Social estaremos condenando a un amplio sector de nuestra sociedad a permanecer en la más lacerante pobreza; y al hacerlo, estaremos sentenciando a nuestro país a una inseguridad permanente, a una desigualdad constante y a un atraso eterno.

Afortunadamente, ya hay mexicanos conscientes que, como David Noel, comenzaron a pagar puntualmente su Hipoteca Social.

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