Espíritu aventurero

Hay un sentimiento de añoranza relacionada con todo lo pretérito. Pero el “todo tiempo pasado fue mejor” no significa la ausencia de cosas malas en épocas anteriores, observaba Ernesto Sabato:  “Felizmente, la gente las echa en el olvido”.Woody Allen lleva esta idea al cine en “Media noche en París”. El protagonista(un aprendiz de escritor amante de la época de Hemingway, Modigliani, Picasso y Dalí) se transporta inexplicablemente a los años 20 para encontrarse con esos personajes y descubrir que ellos, a su vez, añoraban vivir en la “Belle Époque”.Como diría el maestro Borges al iniciar uno de sus cuentos: “Le tocaron, como a todos los hombres, malos tiempos en los que vivir”. Una de las actividades que menos han cambiado con el paso de los siglos es la educación. Poco se ha modificado el método de enseñanza desde que Aristóteles impartía cátedra en el Liceo ateniense a decenas de estudiantes congregados a su alrededor.“The Economist” publicó un artículo en una edición reciente con una conclusión lapidaria sobre la educación superior: renovarse o morir. Tres fuerzas, expone la prestigiada revista, han desatado una revolución educativa: los costos crecientes, los cambios en la demanda y la tecnología disruptiva.La competencia, la globalización y las mejores técnicas de producción han reducido los precios de muchos bienes y servicios, excepto el de la educación. Las universidades buscan maestros con grados académicos y con experiencia, lo cual cuesta. (Al respecto, en un reunión sobre emprendimiento escuché cuestionar al rector de unareconocida universidad: “¿De qué nos sirve un doctor en diseño industrial que nunca he diseñado una planta?” Otro comentó: “Es como cuando un sacerdote te da las pláticas prenupciales”.)El riesgo de la automatización que, según la Universidad de Oxford, hará prescindibles al 47% de los empleos actuales en las próximas décadas, no es nuevo. Ya lo denunciaba la ensayista francesa Viviane Forrester desde finales del siglo pasado en su apocalíptico libro “El Horror Económico”. Ambos factores empujan el cambio, el tercero lo hace posible. Carreras y posgrados en línea o virtuales ayudarán a abatir los costos educativos per cápita, harán extensiva la educación simultánea a todos los lugares y permitirán la especialización. En su “Ética de Urgencia”, saga tardía del éxito literario “Ética para Amador”, Fernando Savater nos expresa su principal preocupación sobre el empleo de los avances tecnológicos y el Internet en la educación: no dejar morir el espíritu investigativo del alumno. El pasado, pasado es. No podemos ignorar la existencia del Internet, de la televisión ni de los dispositivos móviles en aras de retornar a románticos ayeres educativos que no volverán jamás.Debemos diseñar, entonces, incentivos que mantengan vivo ese espíritu aventurero y la inquietud intelectualde los jóvenes, sin menospreciar la modernidad: aprovechar las tecnologías sin vaciar las bibliotecas. 


emym@enriquemartinez.org.mx