Dolor de madre

El 10 de Mayo es un día de fiesta para México y los mexicanos. Las muestras de cariño y reverencia hacia nuestras progenitoras son la constante; incluso, las ausentes son recordadas con nostalgia, con cariño y con esa alegría muy nuestra, que transforma a los cementerios en jardines del Edén por lo colorido y aromático de sus flores y las melodiosas notas musicales del mariachi.

Desafortunadamente, no todas las madres tendrán un día feliz. Y no me refiero a quienes atraviesan por una etapa de penuria económica; ésa es temporal y siempre habrá almas caritativas que apoyen. Me refiero a las que han perdido a la razón de su maternidad. El dolor de haber sepultado a supequeño sólo puede ser superado por haberlo perdido, en el sentido literal de la palabra.

El saber que su inocencia le abrirá las puertas del Paraíso y el tener un lugar para llorarlo y llevarle flores, hacen el suplicio más llevadero. Tarde o temprano la resignación ganará terreno. Pero cuando un niño ha desaparecido, la angustia asfixia, el dolor oprime, la herida sangra, la desesperación corroe y la incertidumbre aniquila. ¿Vivirá, sufrirá?

Hace unos días conocí a Yahaira y Miguel, un joven matrimonio saltillense que desde hace más de 6 meses vive una terrible pesadilla. Su hijo de tres años desapareció durante un domingo otoñal mientras recolectaban piñones en un ejido vecino de la sierra de Arteaga, justo en la línea divisoria entra Coahuila y Nuevo León.

Johan Gael, niño inquieto que ahora ya debe tener 4 años de edad, jugaba dentro del vehículo, mientras a escasos metros sus padres y demás familiares se afanaban en recolectar el fruto de los pinos. Bastó una distracción de unos cuantos minutos para que el menor fuera sustraído. Un vehículo gris circulaba cerca, principal objeto de sospecha. No se ha vuelto a saber nada de éste ni del pequeño Gael.

La ambigüedad inicial sobre la jurisdicción retrasó la activación de los protocolos aplicados en estos casos; al final, se referenció a Nuevo León. La intensa búsqueda de voluntarios y fuerzas de seguridad descartóla hipótesis del extravío en el bosque. Desde entonces, Yahaira y Miguel se dedican en cuerpo y alma a tratar de encontrarlo. Han perdido su escaso patrimonio y muchos kilos, aunque no la fe ni la esperanza.

Han recibido decenas de llamadas de simpatía y apoyo, pero también de extorsión, “cortesía” de infames delincuentes a quienes el 10 de Mayo seguramente no les dice nada.

Es momento de unirnos fuertemente como sociedad. Difundamos en nuestras redes sociales la foto de Johan Gael. Que viaje a todos los dispositivos móviles y se siembre en la memoria de todos los mexicanos. Es el mejor regalo que le podemos hacer a una madre desesperada.

Casos como el descrito menudean. Hay muchas Yahairas que este martes no recibirán una llamada, una carta, un abrazo, una sonrisa. Apoyémoslas para revitalizar su fe y esperanza. Hagamos algo verdaderamente inteligente con nuestros “teléfonos inteligentes”.


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