Dinero al rojo vivo

Un día de campaña se acercó conmigo una mujer desesperada. “Necesito que me ayude: el año pasado me saqué la lotería; ahora Hacienda me está requiriendo para pagar el impuesto y ya me gasté el dinero”, me dijo. “Si no es mucha indiscreción, ¿en qué se gastó el dinero?”, pregunté. “En los XV años de mi hija, unas vacaciones y en una camioneta último modelo”, me dijo apenada. El concepto de ahorro no es nuevo, data de tiempos ancestrales. Así lo demuestran los hallazgos históricos, los estudios antropológicos y hasta las referencias bíblicas. Una de ella se encuentra en el libro del Génesis, el cual registra el episodio en el cual, mediante la interpretaciónde José, Dios transmite mensajes oníricos al faraón egipcio sobrela necesidad de acumular alimento en los años de bonanza para enfrentar los de escasez.Quizá este pasaje del Antiguo Testamento inspiró a Franco Modigliani, economista italo-americano, a realizar su trabajo que lo llevaría a ganar el Nobel de Economía en 1985. Desarrolló su teoría del “ciclo vital” para explicar los niveles de ahorro en una sociedad. En sus postulados demuestra la tendencia de los consumidores a estabilizar sus ingresos a lo largo de su vida, por eso ahorran en tiempos de riqueza para mantener su nivel de gasto cuando la fortuna se revierta.No necesitamos un doctorado en Economía para detectar las fallas del modelo del Nobel, sobre todo en nuestro país y el resto de América Latina. Quienes acuden a las plazas comerciales, cenan con su familia en un restaurante o taquería, toman la copa con sus amigos o atraviesan un cruce fronterizo un viernes de quincena, saben que el flujo de personas se incrementa notablemente. Tal parece que el dinero nos quema las manos y, como la señora de la lotería, corremos a gastarlo.El economista argentino Martín Tetaz adjudica los defectos en la teoría del “ciclo vital” a la falta de reconocimiento de Moglidiani de la existencia del consumo presuntuoso. Tetaz sostiene que la mayoría de la gente prefiere posicionarse socialmente gastando encima de sus posibilidades durante unos pocos días al mes (regularmente los de quincena), aunque el resto lo tenga que vivir con limitaciones desde el anonimato de su casa.Los países asiáticos tienen muy arraigada la cultura el ahorro, mientras que Estados Unidos la del consumismo. Desgraciadamente estamos más cerca de este último. Y no es que el consumo sea malo; como en todo, los excesos lo son.Tanto el ahorro como el consumo son impulsores del crecimiento de una economía y por más paradójico que parezca, son complementarios: a mayor ahorro, menor tasa de interés y mayor consumo.Fortalecer la cultura de un ahorro suficiente y un consumo responsable es indispensable para enfrentar los ciclos económicos y aspirar a mejores niveles de vida.  O, dicho coloquialmente, acumular en tiempos de “vacas gordas” para no padecer cuando éstas enflaquen. 


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