¿Día de la mujer?

En medio de dos fechas comerciales instituidas para forzar el consumo en épocas difíciles, febrero para los enamorados y abril para los padres, el pasado 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer, efeméride que no se encuentra entre mis favoritas. Veamos…
Su origen se remonta, según la versión más aceptada, a la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas realizada en Copenhague en 1910.
En ella, una activista comunista de nacionalidad alemana llamada Clara Zetkin, propuso se homenajeara a la mujer el 8 de marzo, más como un desafío personal que como una búsqueda conciliatoria genuina.
Un año después, los mítines convocaron a más de un millón de personas quienes expresaron sus demandas, haciendo eco por todo el continente europeo: derecho al voto, a ocupar cargos públicos, al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.
A más de un siglo de distancia vemos avances importantes, producto del tesón y talento femenino; sin embargo queda mucho por hacer. Prácticamente en la totalidad de las naciones civilizadas las mujeres pueden emitir sin restricción su sufragio y ocupar cualquier cargo público y de elección popular.
En algunas partes la permisión legal no fue suficiente para eliminar paradigmas arcaicos y complejos machistas, por lo que se ha ido más allá, generando legislación específica y cuotas de género que aceleren el proceso hacia la convergencia en igualdad de oportunidades.
Hay autores, como Miguel Carbonell, que consideran a las cuotas de género como indeseables: porque violan el principio de igualdad, usan un criterio prohibido para diferenciar entre personas, son paternalistas y no respetan criterios de mérito. Por eso, dichos derechos categóricos, instituidos a manera de compensación por las violaciones en el pasado, deben ser temporales.
Coincido con lo expresado por Angélica Fuentes y publicado por Bárbara Anderson: “Yo no creo en las cuotas de género, pero sí en las cuotas de talento”. Un talento que va más allá de lo académico y laboral y coloca a la mujer como el centro insustituible de la célula familiar.
En México, las graduadas ya son más que los graduados en las universidades, según el INEGI. Sin embargo, las mujeres a penas representan una tercera parte del mercado laboral formal y la OCDE estima que únicamente el 7.4% de los puestos ejecutivos son ocupados por damas.
Banco de México demostró que un incremento del 15% en la participación de la mujer en el ámbito laboral en América Latina entre 2000 y 2010 trajo como consecuencia una reducción del 30% de la pobreza. ¡Imaginemos el potencial!
Por lo tanto, la mujer merece ser honrada no un día al año, sino cada vez que un bebé llegue a este mundo, que un matrimonio sea exitoso, que un estudiante se gradúe, que una empresa tenga éxito y que un pobre abandone esa condición.


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