Corre el tiempo

Con el paso del tiempo, los beneficios derivados de la investigación, la innovación y el desarrollo tecnológico llegan a la mayor parte de la sociedad, aún a la más desprotegida.Hay lugares en el planeta con un retraso ancestral, cierto. Pero la gran mayoría de la población, incluidos los menos favorecidos, cuenta con un nivel de vida que envidiaría la nobleza del Siglo XIX.Desde el acceso a medios de transporte y comunicación eficientes, hasta la vacuna contra enfermedades otrora mortales,  pasando por descubrimientos como la bombilla, el televisor o el internet, son en la actualidad bienes y servicios accesibles prácticamente para todos, imposibles e impensables para las clases más pudientes de épocas pasadas.Por eso resulta difícil comprender cómo una línea imaginaria, materializada en una cerca, en un muro o en un río, puede generar sociedades tan disímbolas en términos económicos, a pesar de compartir cultura, costumbres y espacios geográficos de hecho similares.Entonces, ¿por qué son tan diferentes las instituciones entre México y Estados Unidos? He escuchado y leído muchas teorías que dan respuesta a esa interrogante. Sin embargo la expuesta por los economistas DaronAcemoglu y James Robinson es a la que hallo más sentido: por el oro y la plata.Descubierta América, los conquistadores españoles se lanzaron en pos de los codiciados metales. El método “más eficiente” que encontraron fue el de  explotar a los nativos: les expropiaron sus tierras, los obligaron a trabajar para ellos y les aplicarondesmedidos impuestos.Con este método, el modelo de“institución” se fue consolidando. Los beneficios, por supuesto, eran únicamente para la Corona española y los conquistadores, que se enriquecían en detrimento del resto de la población.Inglaterra, por andar enfrascada en su “Guerra de las Rosas”, entró tarde a la repartición del botín y no le quedó más tierra por disputar que la entonces despreciada América del Norte. Probaron el esquema de explotación español, pero no les funcionó porque escaseaban el oro, la plata y la mano de obra. Debieron echar mano de una nueva estrategia,  basada en la negociación y el comercio con los aborígenes.Esto permitió a Estados Unidos desde inicios del siglo XVII –cuando aún no existía como nación-- sentar los fundamentos de un gobierno democrático, basado en incentivos y no en la coerción ni la violencia (salvo el breve periodo de su Guerra Civil), mientras que México, trescientos años después, reporta todavía un retraso institucional y democrático.Pero hoy, como nunca, se han sentado los cimientos para transformar nuestras instituciones y acelerar nuestra carrera por la convergencia económica con Estados Unidos y las otras potencias.Todo es cuestión de que nos decidamos a aprovecharlos. Y cuanto antes, mejor¿O acaso tenemos que esperar otros dos o tres siglos para revertir el proceso?Corre el tiempo. 


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