Cómplices

Un tema tabú, del que poco se habla y menos se actúa, es el del suicidio. Una sociedad que orilla a sus integrantes al acto contranatura más lamentable y desesperado, ha fallado como tal. Quizá sea por eso que en muchos círculos la sola mención del fenómeno ofende.En México no es un problema menor. Según la Asociación Psiquiátrica Mexicana, la tasa de suicidios se ha incrementado 400% en las últimas tres décadas, convirtiéndose en la tercera causa de muerte entre los jóvenes y colocando a nuestro país en el noveno lugar en padecer este flagelo.La juventud surcoreana es expuesta a niveles de presión como pocas en el mundo. Para asignarle a los estudiantes un lugar en la universidad presentan un terrible examen llamado “suneung”. El éxito o fracaso en esa prueba es el proemio del resto de sus vidas.Es todo un acontecimiento nacional. Los jóvenes se preparan durante 12 años con largas y brutales jornadas de estudio que, incluso, han sido observadas por el Comité por los Derechos de los Niños de la ONU por violar el derecho a jugar. La ya de por sí intensa educación tradicional es complementada con instituciones privadas a las que los padres destinan grandes proporciones de sus ingresos. La competencia estudiantil se ha vuelto tan implacable que el gobierno prohibió el estudio después de las 10 de la noche.El día del examen la bolsa de valores, los bancos y las oficinas de gobierno abren una hora más tarde para no entorpecer el tráfico y muchos vuelos son reorientados para no generar distracción por ruido. Gran montaje social en el cual los jóvenes son los actores principales.Estos altos niveles de estrésjuvenil han colocado a Corea del Sur, que ha despuntado por su éxito económico, como el país con la mayor tasa de suicidios en la OCDE y como la principal causa de muerte entre sus jóvenes.Contrario a lo que se pudiese pensar, el suicidio es más común entre personas con una mejor calidad de vida. El psicólogo David Lester, uno de los principales estudiosos del tema, llegó a la conclusión de que las causas son del tipo “nadie más queda por culpar”.Anota Lester: “Si podemos culpar de nuestra infelicidad al gobierno o a la economía, eso nos vuelve inmunes al suicidio”. Este es uno de esos problemas que no se resuelve combatiendo la pobreza ni impulsando el crecimiento económico. Al contrario, como muestra el caso de Corea del Sur, se exacerba.Resolver la situación debe ser sumamente complicado, pero más lo será si lo seguimos ocultando y no lo reconocemos sin tapujos.Un entramado tan complejo demanda la construcción de una eficaz política pública, orientada a atender y resolver el problema, reto en el que ni sociedad ni gobierno podemos permanecer impasibles, apáticos, indiferentes.Permanecer cruzados de brazos nos hace cómplices del deceso de cada suicida. 


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