Clásico de reventa

Es el esperado“Clásico regio”. Con las caras pintadas, cual fiero guerrero, y ondeando con orgullo las banderas de sus respectivos bandos, los hinchas se dirigen perfectamente identificados y a tambor batiente al campo de batalla: el Estadio del “Tec”. Ya sea en su modalidad regia, tapatía, joven, capitalina o nacional, los “clásicos” desbordan los ánimos y desatan las pasiones de los seguidores de equipos con rivalidades ancestrales.La alegría de muchos de la tropa se convierte en frustración al llegar a la taquilla: las entradas se agotaron muchos días antes. Disfrutar del encuentro por televisión mediante el “Pago por evento” no es una opción viable para el fiel y devoto aficionado que espera con ansia el enfrentamiento.Si a cada jugador se le paga en base de su aportación de talento al equipo, “Tigres” y “Rayados” llegaron al Clásico en igualdad de circunstancias. La nómina de ambos equipos ronda los 46.5 millones de dólares. Poder atestiguar un partido tan importante y parejo, bien justifica caer en las garras de los despiadados y abusivos revendedores.El estadio del Tec tiene capacidad para poco más de 36 mil aficionados. Los abonos, palcos y lugares vitalicios suman alrededor del 83% del total, que al agregarle las “cortesías”, dejan apenas una pequeñísima parte de boletos para la venta. Éstos, hasta 600 por ciento más caros, son los boletos de reventa.Aun con las prohibiciones legales existentes, habrá siempre reventa si la cantidad de un bien es limitada y si su precio es establecido por debajo del de equilibrio y está impreso en el boleto. El economista Walter Block reivindica al satanizado revendedor en su libro “Defendiendo lo Indefendible”. Y es que éste, nos explica Block, realiza la función de asignación eficiente mediante el racionamiento y discriminación de precios que debería de hacer el promotor del evento. El revendedor no duerme. Hace fila toda una noche antes para poder adquirir a los escasísimos boletos que saldrán a la venta al día siguiente. Quienes valoran más su sueño, gustosos pagarán al revendedor por brindarles este servicio.Ante la falta de astucia y sensibilidad económica del inversionista, el revendedor aprovecha la coyuntura para quedarse con el diferencial entre lo que la gente está dispuesta a pagar y lo que cuesta el bien. El “Excedente del Consumidor”, en el argot económico.La Escuela Clásica de la Economía establece que siempre que alguna barrera condicione el libre funcionamiento de un mercado e impida llegar a su equilibrio, dará origen a situaciones como la presente.La “escuela clásica” de la reventa establece que nunca se deben dejar pasar estas oportunidades.Por eso, si en la cancha con el 2-2 Rayados y Tigres perdieron un par de puntos, o ganaron sólo uno --depende de cómo se le quiera ver--, los revendedores si llenaron sus bolsillos... ¡Ganaron!... ¡Y por goliza!Una lección clásica más del Clásico regio. 


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