Big Brother

México y Panamá vieron finalmente cristalizados en escasos siete meses los esfuerzos de 15 años de negociaciones y lograron firmar, a través de sus representantes, el tan anhelado Tratado de Libre Comercio.
Panamá representa apenas una fracción del territorio mexicano. Nuestra economía es 46 veces más grande que la panameña, cuya población es similar a la del área metropolitana de Monterrey. Quizá por eso, por considerar a nuestro nuevo socio tan pequeño, se le ha regateado relevancia a la noticia.
Desde otra perspectiva, la economía panameña gana significancia: su afamado y centenario Canal la convierte en punto estratégico de comercio entre los océanos Pacífico y Atlántico. A pesar de los problemas y retrasos en su ampliación, así como los rumores sobre proyectos similares en Nicaragua y en el Istmo de Tehuantepec (ferroviario este último), el Canal de Panamá no ha perdido su hegemonía.
Adicionalmente, hay que considerar que en los últimos años Panamá ha crecido, en promedio, a tasas cercanas a los dos dígitos y que su PIB per cápita es 40% superior al nuestro.
Con éste, México ya cuenta con 13 los tratados de libre comercio –que involucran a 45 países-, 30 acuerdos para la promoción y protección recíproca de las inversiones y nueve acuerdos de alcances limitados.
Nuestro país se consolida así como la nación con más acuerdos comerciales internacionales y un mercado potencial de más de mil millones de consumidores, equivalentes al 60% del PIB mundial.
Las razones económicas son importantes, pero no son las únicas. La reciente hermandad comercial con Panamá no se da de forma aislada: es parte de una estrategia de reivindicación como el “país estrella” de Latinoamérica.
La consolidación de la Alianza del Pacífico, el fortalecimiento de las relaciones con Cuba, la presencia del Presidente Peña en el funeral de Chávez en Venezuela, el establecimiento de la Cumbre de México con el Sistema de la Integración Centroamericana y la visita oficial a Honduras, son algunos ejemplos de las acciones dirigidas a ese fin.
Revertir el daño causado por las aberraciones diplomáticas del pasado, coronadas por el tristemente célebre “comes y te vas” de Fox, es un proceso largo. No será sencillo volver a los tiempos cuando los países de América Latina se sentían seguros bajo la égida mexicana, pero ya se transita por el sendero correcto.
Volver a ser la voz que represente a toda América Latina ante el mundo no es un capricho ni un acto de arrogancia, sino una necesidad estratégica e imperiosa para reinsertar a nuestro país al lugar de “Hermano Mayor” latino que le corresponde en el contexto internacional.
Al recuperar su preeminencia en América Latina y el Caribe,  a nuestro “Big Brother” se le abrirán otras puertas, incluida tras la que se encuentra una mejor relación bilateral con nuestros vecinos del Norte.
Por lo pronto, el Presidente Peña Nieto se trajo ya la sede del Foro Económico Mundial sobre América Latina 2015. Es decir, vamos por muy buen camino.


emym@enriquemartinez.org.mx