Amigos para siempre

Ha circulado por Internet una historia tan fantástica como conmovedora. Los protagonistas: Plácido Domingo y José Carreras, dos de los más talentosos tenores obsequiados a la Humanidad, que coincidieron en espacio y tiempo. El primero es madrileño, apenas seis años mayor que el segundo, nacido en Barcelona.

Después de ser amigos, narra el cuento, sobrevino una rivalidad irreconciliable entre ambos. Al pasar el tiempo, Carreras es diagnosticado con una agresiva leucemia que merma tanto su salud como sus finanzas, al verse reducidos sus ingresos por enfermedad e incrementado sus gastos por tratamiento. 

Es en estas circunstancias, continúa el relato,que Carreras recibe el apoyo de una fundación basada en Madrid, salvando su vida. Cuando indaga más sobre el origen de su benefactora, descubre que Plácido Domingo está detrás de ella. Y no sólo eso, sino que la constituyó exprofeso para ayudarlo.

La anécdota fue posteriormente desmentida por Carreras a través de una publicación de su Fundación, principalmente en dos puntos: nunca recibió apoyo económico alguno y jamás había tenido una ruptura con Domingo.

La negación del suceso, tal cual presentado, no demerita su moraleja.  Con ideas e ideologías contrapuestas, producto de la circunstancia de su origen en una España que no termina de unificarse, Domingo y Carreras compiten por su lugar en los anales de la Historia.

Pese a sus diferencias políticas y a la similitud en sus aspiraciones, ambos personajes han mantenido una relación de mucho respeto y mutua admiración. A diferencia de otros artistas, no temen contrastar sus voces y presentarse al escrutinio público en un mismo escenario, como cuando ensamblaron aquella presentación de ensueño llamada “Los tres tenores”, completada por el finado Luciano Pavarotti.

Con solo escuchar cómo se expresa uno del otro es fácil deducir el gran cariño profesado entre ambos próceres, no como estrategia mediática, no como un romanticismo espurio: es conveniencia. Cuidar y querer a su competencia los ha obligado a ser mejores.

La competencia siempre es sana. En todo, no nada más en las Bellas Artes. Su ausencia en los mercados conlleva a prácticas monopólicas en detrimento del consumidor; su falta en la política genera regímenes dictatoriales, sin rendición de cuentas ni respeto a los derechos ciudadanos.

Con esto en cuenta, y recordando la afamada melodía interpretada por el mismo Carreras y Sara Brightman durante los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, no tengo ninguna duda de que Plácido y José serán “Amigos para siempre”. 


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