Tres maestros

Cuando hace meses el rector de la Universidad de Guadalajara, Tonatiuh Bravo Padilla, anunció el grado de Eméritos a tres docentes de la Institución, recordé el titulo de la obra de Stefan Zweig, Tres Maestros, en la que escribe ensayos sobre Balzac, Dickens y Dostoievski, a los que considera los grandes novelistas del siglo XIX.

En mi caso, y seguro a miles que integramos la comunidad universitaria y la del ámbito del derecho, nos pareció muy justo el reconocimiento a Adalberto Ortega, José Luis Leal y a Jorge Humberto Chavira. Aun cuando cada uno de ellos ha construido su propio camino, los une su profunda vocación por el derecho y la docencia.

Durante décadas los tres han sido férreos pilares en la formación de múltiples generaciones de abogados. Sin regateo y con responsabilidad han compartido sus conocimientos valiosos a miles de alumnos y a colegas abogados.

Los tres han sido, desde las aulas y en los actos de su vida diaria, forjadores de ciudadanos. Uno de ellos, Adalberto Ortega, no ha querido estar en el servicio público, ni en la política. Recuerdo a principios del 2001 que me llamó para declinar presidir la CEDHJ que las bancadas del PRI y el PAN le habíamos propuesto. Con honestidad, me dijo que la trascendencia de la materia requería una persona más imbuida, conocedora del tema y de tiempo completo. Además de escritor (es autor de una espléndido ensayo sobre Mariano Otero), su altruismo lo ha llevado a presidir y a integrar importantes organismos sociales.

José Luis Leal y Jorge Humberto Chavira, además de su clara y positiva vocación a la docencia, han sido activos centrales en la vida pública. Su formación de abogados y el conocimiento les ha permitido enaltecer a la política. El primero de ellos es un conciliador nato y eficaz entre posiciones encontradas.

Curiosamente, con ninguno de los tres coincidí como su alumno en la Facultad de Derecho. Para mi fortuna mi trato ha sido en los quehaceres de la vida. Con Leal y con Chavira compañeros de legislatura y en algún tiempo en política. Con Adalberto, aleccionadoras y amenas conversaciones multitemáticas. Con su enorme calidad humana, cuando mudé de filiación política los tres mantuvieron intacta su amistad conmigo. A los tres maestros, mi reconocimiento y gratitud.