La línea 3 y la intrasparencia

La Línea 3 del tren ligero seguramente será una de las obras del sexenio en Jalisco. Sin embargo, la manera en cómo se está gestionando puede convertirse en una piedra en el zapato para el gobierno del estado.

En estos días, los ayuntamientos de Zapopan y Guadalajara (Tlaquepaque ya lo aprobó el jueves), votarán un convenio de colaboración con la Administración estatal para la realización de la nueva línea de tren urbano. Este documento comprometerá a los municipios involucrados a emitir las licencias de construcción y los permisos necesarios para llevar a cabo las obras, así como la autorización de los usos del cambio de suelo en los casos pertinentes. 

Lamentablemente, la mayoría de los regidores priistas están aprobando un convenio a ciegas porque carecen de información técnica clave para emitir un juicio con fundamento. Esta misma situación de desinformación la vivimos todos los ciudadanos.

A estas alturas, es decir, a unas semanas de que comiencen formalmente los trabajos, el gobierno debería haber informado ya detalles de la obra y no sólo un video de tres minutos y unas cuantas láminas de Power Point. De momento, los ciudadanos sabemos generalidades del nuevo tren, por ejemplo, que tendrá dos tramos elevados sobre la avenida Revolución, Ávila Camacho y Laureles y otro que pasará por debajo del centro de Guadalajara, pero ignoramos el número exacto de árboles que se talarán; si habrá un programa de reposición de áreas verdes; si a los comerciantes se les entregará algún tipo de compensación económica por el perjuicio durante las obras; si se depreciará el valor de las casas y terrenos cercanos al tren o cuál será el impacto urbano y social en aquellos sitios que tendrán un tramo elevado.

Cuando este tipo de megaobras se imponen unilateralmente a los ciudadanos sin gestión social de por medio, suelen convertirse en un dolor de cabeza para la Administración y en lugar de arrojarle saldos positivos a la misma, le genera un amiente de inconformidad.

Una ciudad como Guadalajara necesita una Línea 3 como la que se está presentando. Es difícil oponerse a un proyecto que mejorará sustancialmente la movilidad de la ciudad. Sin embargo, los ciudadanos estamos en contra de la opacidad y de la falta de transparencia que rodea a la obra. Si el proyecto, en el fondo, tiene buenas intenciones y genera ilusión, ¿por qué ocultarlo?