El PRI no tiene remedio

Los desesperados intentos por mostrar músculo volvieron a desnudar al viejo PRI de siempre. Sus candidatos, por más que la mercadotecnia los presente como personajes sin cola que les pisen, pertenecen al sistema cada día más descompuesto que tiene sumido al país en una grave crisis.

Ayer, un medio local publicó que el director de Sistecozome, Javier Contreras, puso al servicio del PRI, 300 unidades de transporte público (que representan el 15 por ciento del parque vehicular) para llevar gente al mitin de cierre de precampaña de los principales candidatos metropolitanos del tricolor.

Y lo hizo al más puro estilo del PRI: extorsionando y bajo la amenaza a los dueños de que si se negaban, se les retrasarían trámites como las cartas de refrendo y la actualización de los contratos anuales de subrogación.

Al PRI no le importa usar su poder para pasar por encima de los derechos de los demás, de los ciudadanos que sufrieron con la reducción de la frecuencia de paso de los autobuses públicos que deberían estar a su servicio.

Estas precampañas han dejado muchas cosas claras. Que no todos los políticos son iguales, que sí hay diferencias. Mientras el PRI se gastó cientos de miles de pesos en su fastuoso y despilfarrador evento de cierre con equipo de sonido, un estrado hitleriano y cientos de sillas, Enrique Alfaro, precandidato de Movimiento Ciudadano, apenas gastó más de 100 pesos en su evento de cierre (si contamos lo que costaron las rosas blancas que sembró afuera del Palacio Municipal como símbolo de esperanza y el camión que lo trasladó hasta allí).

La gente es inteligente, no tonta, y los tapatíos saben que no todos los políticos son iguales. Alfaro fue el único precandidato que rindió cuentas a los ciudadanos y dio a conocer sus gastos; el que retiró a la mitad de la precampaña todos sus espectaculares y el que hizo eventos de pega de calcas los fines de semana para no alterar la ya conflictiva vialidad tapatía.  En cambio, el precandidato del PRI a Guadalajara utilizó a jóvenes todos los días para repartir propaganda en cruceros, inundó camiones, bardas y espectaculares con su imagen, fijó lonas en casas (en muchas sin autorización) derrochando varios millones de pesos en sus actos. Luego se sorprenden de que no les aplaudan. Es definitivo, el PRI no tiene remedio.