El PAN: crónica de una caída anunciada

El despertar ciudadano de las pasadas elecciones reveló la esperanza de la gente por tener un buen gobierno; al mismo tiempo, trajo consigo otras revelaciones que con los años se vislumbraban y que tan sólo se pusieron de manifiesto, como lo es el declive de la otrora fuerza política que alguna vez representó el Partido Acción Nacional (PAN).

El terrible descenso de la voz de la derecha jalisciense que alguna vez fue sinónimo del cambio en el Estado va de la mano con el alejamiento de los valores y los principios que lo fundamentaban como partido. Lejos quedó la figura de un grupo político representado, entre nombres y apellidos, por personajes ejemplares, o que al menos se equiparaban con una especie de familia política.

Pero como puede pasar en todas las familias –ya decía Tolstoi que las familias felices se parecen, pero que las infelices lo son cada una a su manera-, los intereses individuales de algunos (o muchos) se pusieron por encima no sólo de los ciudadanos, también por encima de los intereses de su propio partido. Y entonces, la carrera hacia una crisis inició. 

Dos décadas atrás el PAN festejaba unas elecciones que sabían a triunfo y que este 2015 son sólo un recuerdo, son sólo fracaso: no ganan ninguna alcaldía en la Zona Metropolitana de Guadalajara, solamente obtienen una diputación federal, y por primera vez desde 1988 ningún distrito local será azul. La familia está desquebrajada.

En una metrópoli como lo es la capital jalisciense y los municipios que la acompañan, en una sociedad tapatía en la que el pasado y la historia familiar tienen un peso importante, son justo los valores su firma. El PAN olvidó sus valores políticos y la historia, como bien lo dijo el Enrique Alfaro, ya los juzgó. 

Este declive del PAN en Jalisco es evidente también a nivel nacional, las peleas por quienes sí merecen estar o no dentro de sus filas, los pleitos a nivel personal al interior del partido y la búsqueda de los intereses en individual cuando se es parte de un ente de naturaleza social son indicios del rumbo perdido de los blanquiazules que, ante los retos de una sociedad despierta como se evidenció el 7 de junio, deberán replantear si vuelven a unirse como familia política o si juntos irán en pos de la crisis que anunciada, parecen no ver, o no querer ver.