Frankenstein electoral

La obsesión del gobierno de Enrique Peña Nieto de sacar adelante su privatizadora reforma energética, está apunto de ocasionar un daño colateral de grandes proporciones a nuestro ya deteriorado sistema electoral. Está claro que el ejecutivo pactó con el PAN y PRD la creación del Instituto Nacional Electoral (en lugar del IFE) a cambio de que el primero le vote la reforma energética y el segundo la hacendaria.

La reforma electoral implicaría que el INE, organizaría además de los comicios federales, los locales, con lo que desaparecerían los actuales institutos electorales estatales. Asimismo, el Tribunal Electoral Federal se encargaría de resolver las controversias jurídicas de todos los comicios, tanto el de la presidencia de la República y el del municipio de Momax, Zacatecas.

Son dos los argumentos centrales del PAN y PRD para su descabellada propuesta: que los gobernadores se han apropiado y manipulan a los institutos locales, y que con el INE se bajarían los costos de las votaciones. Si bien es cierto que los gobernadores manejan a las autoridades electorales, la solución de fondo sería no borrarlos, sino fortalecer su autonomía, cambiando los modelos de selección de consejeros y darles independencia económica. Al rato esos partidos se van a quejar, no de 32 gobernadores, sino de un presidente que controla y ordena en el INE.

En cuanto a los ahorros económicos en el gasto electoral, eso es una falacia, ya que el INE tendría que multiplicar su estructura y burocracia a lo largo y ancho del país. Lo mismo ocurriría con el órgano jurisdiccional (Tribunal Electoral), ya que con el diseño actual, quien impugnara la elección de presidente municipal de Guachochi, Chihuahua, tendría que venir a Guadalajara a presentarla.

La fórmula para mejorar la eficacia y credibilidad de nuestro modelo electoral no es avasallar, ni extinguir institutos, ni tribunales locales, es reforzar verdaderamente su autonomía, política y económica de los gobernadores, y que los gobernantes no quebranten mediante el uso de recursos públicos, la equidad en las contiendas. Que lamentable que el PAN y PRD que dicen abogar por un régimen Federal estén en connivencia con Peña Nieto, regresándonos a la Constitución centralista de 1836. Con el INE, convertido en un Frankenstein electoral nos va a salir “peor el remedio que la enfermedad”.