Historias con zapatos

¿Hay talento artístico?

Una pléyade de artistas originarios de León, los cuales iniciaron su aprendizaje en nuestra ciudad y ahora desarrollan sus actividades en otras latitudes con buenos logros, merecen el apoyo de las instancias culturales y de la sociedad, tanto para su retorno a ella con la finalidad de mostrarnos algo de su talento, como para proseguir su carrera artística.

Solamente en la instrumentación musical, en el canto y la danza, dicha pléyade tiene nombres y apellidos. Y para no hablar a la ligera, es importante nombrar a los que tienen su estancia fuera del país y necesitan, de manera urgente, diversos estímulos para continuar su estancia como estudiantes y participantes de las actividades artísticas donde intervienen.

No se niega, por desconocimiento, que existan  otros artistas más que estén en las mismas condiciones, al mencionar a los pianistas Laura Nohemí Valderrama Ramírez,  Ulises Magaña de la Paz, y al violinista Saúl Geovanny Ramos. Y a los que residen en nuestro país como los guitarristas Vladimir Ibarra, Juan Márquez Rivas, Carlos Ramos Márquez, al destacado pianista   Francisco Javier González Compeán,  a las sopranos Diana Muñoz Acosta, Tarsila Escoto, y  la  bailarina Mariana Sierra Hernández.

Si bien todos los aquí citados han participado esporádicamente, en  actividades artísticas en esta ciudad, merecen recibir el estímulo local mediante una propuesta para realizar su labor de manera constante,  en la enseñanza de sus conocimientos y  en la actuación de sus habilidades.

Las instituciones culturales locales y estatales tienen una mala tendencia en ponderar, por comodidad, la participación de artistas nacionales y extranjeros que supuestamente garantizan la realización de un buen programa artístico y simplemente, para no meterse en aprietos, dejan fuera de su programación a los artistas meritorios en ser, como  dice en una parte  del refrán: “profetas en su tierra”.