Historias con zapatos

De insoslayable presencia

Afirmar que los “militares no estudian para perseguir delincuentes”, como lo declaró el secretario de la Defensa Nacional, general de división Salvador Cienfuegos Zepeda, es minimizar y simplificar la problemática actual sobre la seguridad nacional.

Lo anterior me recuerda al título de una pintura de Frida Kahlo titulada: “unos cuantos piquetitos”, texto tomado de una nota roja hallada en un diario, el cual hacía alusión a un criminal quien después de dejar como fiambre a una pobre mujer, también había minimizado el asunto.

Decir que solamente son “delincuentes” los que pertenecen al crimen organizado, es ignorar que son auténticas agrupaciones paramilitares con buenos recursos económicos y materiales, cuya acción se encuentra desarrollada en todo el país.  Y su combate supera la capacidad de respuesta de los gobiernos estatales y aún de las mismas fuerzas armadas. En suma, sí es una situación que atañe a la seguridad nacional.

Es de suponerse que la cifra señalada de 253 mil armas que ingresaron a México, provenientes de manera ilegal de las 6 mil 700 armerías  existentes en el sur del territorio estadounidense, se ha incrementado notablemente, pues la citada cantidad  proviene de un dato del año 2013.

Tomando en cuenta que el crimen organizado ha diversificado sus acciones que van más allá del tráfico de drogas y la lucha encarnizada entre los cárteles por su presencia en determinado territorio, considero que realmente ellos han secuestrado a la nación y emprendido, casi puedo asegurarlo: “una guerra de guerrillas” por el poder. Antes no han tomado el control territorial en algunas entidades del país, gracias a la contención operada por las fuerzas armadas, que actualmente, y no sabemos por cuánto tiempo, no debe por ningún motivo regresar a los cuarteles. “El horno no está para bollos”, reza una antigua conseja.