Historias con zapatos

Del cristal con que se mira

Ramón de Campoamor, poeta español, sentenció un día: “En este mundo traidor, nada es verdad, nada es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”, asunto que se puede aplicar a la apreciación de la realidad mexicana que ha tenido y tiene el gobierno mexicano actual.

Se apostó prioritariamente atender a la economía del país mediante la realización de las llamadas reformas estructurales, sin considerar darle sino una solución, un remedio al narcotráfico en toda su problemática que ha generado, y al alto índice de pobreza existente, como dos de los grandes obstáculos para un favorable  desarrollo de las citadas reformas.

Respecto al narcotráfico, se persiguen y aprisionan a sus principales actores espectacularmente y se les muestra como trofeos de caza, si minar su poder económico y militar, y sobre todo,  sin ver que gran parte del problema se encuentra en la demanda de la droga, en su alto índice de consumo tanto en México como en el extranjero.

Desafortunadamente el gobierno en nuestro país no ha emprendido la gran tarea que sería la de encabezar un programa nacional, y si es posible internacional en contra de las adiciones y apreciar el asunto como un problema de salud mundial.

Generalmente se tiene la creencia de que sólo los estupefacientes están relacionados con la actual problemática de las adiciones, y no se considera que el alcoholismo y el tabaquismo, como los principales causantes de gran enfermedad y mortandad humanas, al menos en esta nación.

Y para rematar, el viernes pasado de esta semana que hoy culmina, amanecimos con la triste y preocupante noticia de que 55.3 millones de mexicanos sufren de alguna carencia social y perciben un ingreso insuficiente para adquirir la canasta básica alimentaria, y que 11.4 millones de personas se encuentran en pobreza extrema. De entrada hay un mutismo provocado por la estupefacción que causan los datos, y en seguida la gran pregunta: ¿Qué hacer?, no como todopoderosos para mover todos los hilos y paliar la situación, sino el quehacer desde las trincheras de cada uno de nosotros que tenemos como obligación para, al menos hacer conciencia de ello así mismo y a los demás.