Historias con zapatos

Instituto Cultural de León

Las declaraciones de Sebastián Serra Martínez  con motivo de su renuncia a la dirección del Instituto Cultural de León, dejan algunas interrogantes y retos sobre la situación de la labor cultural que institucionalmente se efectúa en nuestra ciudad.

  En primer término, es inusual que un funcionario municipal asuma públicamente  deficiencias propias en la realización de sus funciones al “considerar que mi aporte se ha estancado y que no he logrado la conexión necesaria ante las distintas instancias municipales para lograr que la cultura sea un eje de la visión municipal ni para asumir la rectoría de las políticas en materia de cultura”, afirmó.

Sobre lo anterior surgen algunas dudas: ¿a quiénes está encubriendo Serra Martínez con esta especie de “mea culpa”, pues antes de él existe un gobierno municipal y un Consejo que determina el establecimiento de las políticas culturales municipales a seguir. ¿O sus declaraciones son tácitamente un reto lanzado “a las distintas instancias municipales” para mejorar la situación respecto al desarrollo en el ámbito cultural?

Uno de los retos iniciales que a mi parecer tiene la labor cultural en nuestro municipio, es la asignación del funcionario que debe de estar al frente del Instituto Cultural. ¿Será un auténtico promotor cultural o simplemente un administrador de los asuntos culturales que por inercia siga ejecutando los programas ya establecidos?. Otro más consiste en la necesidad de la conformación de un Consejo de gobierno del Instituto Cultural que se encuentre integrado por personas que prácticamente tengan como atributo una vocación por el quehacer cultural.

    Otra de las tareas que creo fundamentales para mejorar las condiciones culturales, es sencillamente darles trabajo a los solistas y agrupaciones musicales, actores teatrales y también solistas y cuerpos de baile que radican y laboran en nuestra ciudad y no optar sólo por la conformación de programas donde  participen artistas foráneos que en algunas ocasiones cobran el triple que de lo que puedan percibir los nuestros.