Historias con zapatos

Iguala y el narcotráfico

Ignoro si algún medio de información en  notas periodísticas o en  columnas editoriales  haya asociado el hecho de que en los flancos de las cañadas y barrancos  de las montañas de Filo Mayor del Estado de Guerrero se produce gran cantidad de opio y que  su comercialización en forma de pasta, llega, entre otros lugares de colección, a la ciudad de Iguala, con la fatal agresión a los 43 estudiantes de la Escuela Normal “Isidro Burgos” de Ayotzinapa.

En un escenario tenso y violento por la pugna entre dos grupos rivales por el control territorial en el negocio del opio, no resulta casual que ocurran incidentes graves, siendo éste, una  industria que da dividendos por mil millones de dólares al año.

 Y si las autoridades municipales recibían una paga para brindar protección a uno de los grupos, era necesario que mostraran su eficiencia y justificaran la contribución económica recibida, entregando como  tributo, a un grupo de personas a las que se les atribuyó la pertenencia al grupo rival. Si tan sólo los agricultores    en Guerrero obtienen por un kilo de pasta de opio 13 mil pesos mexicanos, qué cantidad recibirían las autoridades coludidas con los narcotraficantes.

Es doloroso reconocer que en este peligroso contexto delincuencial, los estudiantes no hayan tomado las necesarias precauciones para manifestarse políticamente.

   Pero es también lamentable que los padres de los 43 desaparecidos normalistas, hayan perdido el rumbo en su interés por aclarar el hecho de todos conocido y pedir castigo a los culpables de los mismos. La desviación de sus intereses familiares me hace recordar el conocido refrán: “No busco a quien me lo hizo, sino a quien me lo pague”. El movimiento de los padres de los normalistas ha sido secuestrado por grupos políticamente ajenos a la situación, quienes llegan al absurdo al pretender cerrar por cinco días las garitas del país.