Historias con zapatos

Hambre

“Conocemos el hambre, sentimos hambre dos o tres veces al día. No hay nada más presente en nuestras vidas que el hambre-y para muchos de nosotros- nada más lejano que el hambre verdadera”, son las palabras del escritor argentino Martín Caparrós, relacionadas con su libro “El Hambre”, escrito como producto de una investigación realizada en diversas partes del mundo.

Caparrós hace más dramático su testimonio editorial cuando escribe que al momento en que nosotros iniciamos la lectura del citado ejemplar, una persona ha muerto de hambre en el mundo. En nuestro planeta existen 800 millones de personas que pasan hambre por distintas razones: Sequías, pobreza extrema, guerras y marginación.

Tan sólo en la ciudad hindú de Mumbai, más de 70 niños mueren al día por hambre, y cada año, 25 millones de personas en estado de pobreza y hambre extremas pueblan las afueras de las ciudades.

Una tercera parte de los alimentos producidos en los cinco continentes se tira a la basura; por este motivo la Organización de las Naciones Unidas promueve entre los países afiliados, como meta global, que el desperdicio de comida se reduzca a la mitad. Los agricultores de diversas naciones destruyen la mitad de la verdura que cultivan para los supermercados y que éstos no adquieren, entre otras razones, para sostener el precio en los productos que comercializan. Algunos agricultores deben, incluso, firmar contratos que les prohíben dar gratuitamente sus productos a quienes los necesitan. 

 

La Unión Europea, por su parte, lleva actualmente una consulta sobre cómo frenar las prácticas del comercio desleal de los supermercados, como un aspecto importante de un nuevo plan para reducir el despilfarro de comida en el continente; sin embargo Francia ya se adelantó a los hechos al promover una ley para que los supermercados den a los pobres y a la gente sin hogar, la comida que no se venda.

En México, el programa “Sin hambre” se encuentra anunciando buenos resultados, pero mientras tanto, hay que atenernos a las cifras oficiales que nos da el gobierno federal.

Con la producción de alimentos que hay en el mundo se podía alimentar al doble de la población existente. Y como afirma sabiamente Martín Caparrós: “En el mundo lo que falta no es comida si no corazón”.