Historias con zapatos

FeNaL, 25 años

Cuando en la capital del país la Feria Nacional de Libro ya contaba con algunos considerables años de existencia, en la ciudad de León,  como se dice: “más tarde que nunca”, se realizó la primera feria del libro a través del entonces Consejo para la Cultura. 

  La ahora llamada Feria Nacional del Libro en León, cumple ya 25 años de continua existencia con la aspiración de contar, en ésta edición, con la asistencia de cien mil personas y la esperanza, por parte de todos,  que un buen porcentaje de los presentes adquieran la sana adicción a la lectura, como vía para una elemental formación intelectual y espiritual.

Uno y varios “peros” surgen ahora para insistir que preferentemente debe  ser una feria a favor de la lectura, dada  la diversidad de medios existentes para su ejercicio. De entrada, favorecer la lectura directa con la inserción de textos literarios en paneles y muros disponibles dentro del espacio ferial y la prolongación del propósito, posterior a la feria, de que los textos  de la literatura de todos los tiempos sean leídos en algunas superficies de los espacios públicos existentes en nuestra ciudad.

Ignoro si en esta ocasión se otorgará un espacio para los vendedores de libros usados y de ser posible, la colocación de mesas para el intercambio de libros en los corredores del recinto, bajo la consigna de que si ya lo leíste, intercámbialo por otro que no hayas leído. 

Para algunas personas no es suficiente encontrarse frente a un libro sin más y sólo leer las reseñas de los forros del mismo. Hay en ellas la necesidad de ser orientadas para despertar y motivar sus aficiones.

Para esto, las editoriales aún no cuentan con alguien que facilite el aprecio por tal o cual autor o tema. Ni los organizadores cuentan con un local con personas que ofrezcan dicha orientación cultural al respecto.

 Tres motivos son suficientes para asistir por curiosidad o con conocimiento de causa a la Feria del Libro en León. Las celebraciones de los centenarios de los nacimientos de los poetas Efraín Huerta- sobre lo cual se puede decir que no sé qué tiene el agua de Silao que ha hidratado a José y Tomás Chávez Morado, Feliciano Peña y al mismísimo Efraín Huerta- y Octavio Paz, agregando como un recordatorio literario  a Gabriel García Márquez a raíz de su reciente fallecimiento.