Historias con zapatos

Errancia y desconcierto

Cambio el  contenido de un conocido refrán y lo anoto de otra manera: “al que a mal árbol se arrima puede caerle un rayo”,    para aplicarlo  a la malsana unión que han establecido los padres de los 42 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, de los cuales aún seguimos sin saber su paradero, con los representantes  del  Consejo Nacional de Trabajadores de la Educación CNTE, en el Estado de Guerrero.   

El CNTE, un gremio supuestamente magisterial que en el fatal extravío de sus dirigentes, además de  desvirtuar la representatividad y  la finalidad de los intereses de sus agremiados, se dedica simple y llanamente a la violencia por la violencia misma,  no  merece ser considerado como un buen aliado. ¿Será tanta la desesperación de los citados padres para conseguir, a toda costa, una respuesta a sus reclamos? ¿ o también, como los integrantes del CNTE, tan erráticos andan que han llegado ahora  a la peregrina presunción de que los citados alumnos se encuentran detenidos o sus cuerpos están enterrados en  los cuarteles militares, teniendo  asimismo la absurda pretensión de indagar lo anterior en cada uno de los recintos militares existentes en el país?

Con la situación que se vive en los Estados de Guerrero y Oaxaca, respecto a los movimientos sociales de protesta, estamos ante la presencia de un mal manejo de un remedo de política   basado en la imposición a toda costa, la supina ignorancia, la tozudez y una violencia que provoca hartazgo y desconcierto.

El desconcierto se incrementa porque las autoridades públicas oficiales de las citadas entidades, con sus evidentes acciones de desgobierno vienen resultando  cómplices al no impedir el  ejercicio de una violencia, ya en estos momentos, extrema, y castigar a los infractores, llevando a cuestas cierto  grado  de culpabilidad. Mientras que el gobierno federal a través del ejecutivo, sólo ha pasado “la bolita” al declarar más o menos, a través de su máximo portavoz,  lo siguiente: “Los gobiernos de los Estados deben ejercer por ellos mismos su autoridad y no esperar a que el gobierno federal los ayude en su aplicación”.