Historias con zapatos

Corresponsabilidad

El asunto sobre las cuantiosas pérdidas económicas por el robo de combustible a Petróleos Mexicanos, es similar al tráfico de drogas en nuestro país por la elemental razón  de que si existe una  oferta en ambos productos es porque hay demanda de ellos para su consumo.

Se investiga, descubre y sanciona a los llamados “guachicoleros” en los lugares donde hay tomas y almacenamiento clandestino de considerables cantidades de gasolina, pero ni las autoridades y los organismos públicos  han solicitado al gobierno sancionar a los  consumidores. Se presume que entre los adquirientes hay empresarios, transportistas, dueños de estaciones de servicio del combustible y ciudadanos que quieren ahorrarse algunos pesos al comprar gasolina, quizá a la mitad del precio oficial.

Por otra parte, en el tráfico de drogas, también se sanciona a productores y comerciantes, pero en una escala mínima se castiga al consumidor, quien debería ser penado con una obligada rehabilitación. Además, para empeorar las cosas, la ley respecto al tráfico y consumo de drogas vigente en la nación, es contradictoria al permitir un consumo mínimo de sustancias para el adicto, pero prohíbe y sanciona la venta pública de las mismas.

Durante el 2014 la Procuraduría General de la República, respecto al robo de combustible a Pemex, inició 5 mil 175 averiguaciones previas, de las cuales fueron detenidas 3 mil 172 por causa de que hay elementos insuficientes para la consignación penal de los responsables.

Mientras que los ciudadanos seamos cómplices involucrados en la existencia del llamado “mercado negro”, no sólo de la compra clandestina de combustible, droga y los productos de importación  que la piratería ofrece con la complacencia de las autoridades, no podemos aspirar al beneficio que se recibe cuando existe un país con respeto a sus  leyes y  autoridades.