Historias con zapatos

Carta a Los reyes

Dicen que no fueron reyes ni magos, pero a los puristas históricos y a los proclives  al desencanto, no hay que darles crédito con el afán de mantener una ilusión que en los infantes aún sigue viva y en los adultos es parte de un nostálgico recuerdo.

 Si ustedes quieren, mi carta, puede que sea muy pretenciosa dada las circunstancias de tener una pobre casa con la mitad de una población con diversos grados de pobreza, un alto índice  de desempleo, sobre todo en los jóvenes; una sociedad violentada por un grupo de bandidos que buscan la fácil ganancia económica, los cuales, por las atrocidades que comenten, queda invalidada la justificación de que sus acciones sean producto de la pobreza en la cual pretextan vivir.

Mi carta no es para un gobierno en todos sus órdenes, quien, a través sus representantes, sólo la recibirían con un toque de diplomacia y una cara de preocupación, haciendo mutis con las palabras de: “atenderemos prioritariamente su asunto, turnando el mismo a todas las instancias posibles”, para quedar ésta finalmente archivada con un sello de “urgente” y un folio, en alguna gaveta y dormir el sueño de los justos.       

Esta carta va dirigida a toda la población del país, sobre todo aquella que ha sido perjudicada y seguirá, por causa de las circunstancias actuales, con la petición de un regalo que mi escepticismo señala como imposible, de acabar con su indiferencia y egoísmo y  organizarse en solidaridad para poner un punto final al  acoso de unos cuantos malandrines que nos han imposibilitado vivir sin el dolor y el asombro de saber, diariamente, que la violencia ha cobrado una o varias víctimas más. Tendremos que entender, como lo escribió Mario Benedetti: que “en la calle, codo a codo, somos mucho más que dos”.