En voz alta

Venezuela y Trump

La represión armada y la violencia registrada ayer en las calles de varias ciudades de Venezuela son responsabilidad exclusiva de Nicolás Maduro y de la mafia que durante los últimos 4 años le ha permitido mantenerse al frente de lo que el secretario general de la OEA, Luis Almagro, califica como "un régimen autoritario que tiene las manos manchadas de sangre y que se ha cobrado vidas en el acto más supremo de injusticia".

Líderes de la oposición política en Venezuela convocaron ayer 19 de abril, día en el que se celebra el inicio de la lucha por la independencia de ese país, a una manifestación contra el gobierno de Maduro, quien respondió denunciando un "intento de golpe de Estado" alentado desde Estados Unidos.

Con su reacción, Maduro trata de tomar una página del guion cubano pero, a diferencia de lo ocurrido en la isla, Estados Unidos ha decidido mantener una política de paciencia estratégica frente a la crisis en Venezuela. No obstante, esta posición podría cambiar en las próximas horas.

Las señales están ahí. El 13 de febrero, apenas tres semanas después de asumir la presidencia, Trump impuso una serie de sanciones al vicepresidente Venezolano, Tareck El Aissami, a quien acusó de estar involucrado en redes de narcotráfico. Las sanciones estaban listas desde 2016, pero fueron aprobadas por el departamento de Estado hasta que Trump llegó al poder.

Apenas dos días después de anunciar las sanciones, el presidente Trump publicó una fotografía en Twitter acompañado de Lilian Tintori, la esposa del líder opositor Leopoldo López y la cara más visible de la resistencia venezolana. En la foto aparece también el senador Marco Rubio, quien se ha apoderado de la agenda latinoamericana en el Congreso, desde donde trata de imponer la visión del exilio cubano en Miami en el ejercicio de la política exterior estadunidense.

Es claro que Venezuela ha capturado la atención del nuevo inquilino de la Casa Blanca y que los halcones ven la oportunidad de una fruta al alcance de la mano, el problema es que décadas de repliegue estadunidense en la región limitan las opciones de Washington.

Así, para una administración inspirada en la idea de América primero, la única opción viable para presionar a Maduro a restaurar el orden político y convocar a elecciones pasa a través de China, que ha logrado establecer su poder suave en la región, y de México, que servirá como sede de la Asamblea General de la OEA a mediados de junio.

@Enrique_Acevedo