En voz alta

La tierra del olvido

La seguridad fronteriza ha sido uno de los focos de la campaña presidencial en Estados Unidos. Cada vez que Donald Trump presume su hermoso muro, los mexicanos en uno y otro lado de la línea reaccionamos con indignación.

Pero el mito de la seguridad fronteriza y sus efectos existían mucho antes de que Trump jugara un papel central en la escena política de Estados Unidos y, como mucha de su narrativa contra los migrantes, permanecerán más allá del resultado de la elección del próximo martes.

Durante los últimos 15 años y ante la complacencia de su contraparte mexicana, el gobierno estadunidense construyó una fuerza en la frontera similar a la presencia militar que mantiene entre las dos Coreas, uno de los puntos más peligrosos del mundo.

La militarización de nuestra frontera incluye la presencia de 21 mil guardias bien armados, vehículos todo terreno, lanchas, cámaras, sensores de movimiento, helicópteros, drones y —fanfarrias— un muro que ya se extiende a lo largo de mil 200 kilómetros.

Desde los atentados del 11 de septiembre, la agencia encargada de vigilar las aduanas y fronteras estadunidenses, CBP por sus siglas en inglés, se ha convertido en la dependencia más grande del aparato de seguridad con un presupuesto que rebasa al del FBI, la DEA, la ATF, el Servicio Secreto, los US Marshals y la Policía de Nueva York combinados.

Durante décadas el discurso de reforzar la seguridad fronteriza se ha convertido en el mantra de las campañas republicanas y  demócratas. Lejos de formar parte de una estrategia integral, el sellamiento se convirtió en la única estrategia, lastimando la calidad de vida de las comunidades fronterizas y provocando violaciones graves a los derechos humanos de los migrantes.

Si el gobierno mexicano cree realmente que los planteamientos de Trump representan una amenaza a los intereses del país, ¿por qué no actúa hoy para proteger con la misma firmeza estos intereses en la frontera?

La frontera y sus comunidades llevan años entre el abandono del gobierno y el acoso de las redes criminales que controlan el tráfico de personas. Tenía que llegar alguien como Trump para recordarnos que es una tierra olvidada y para que entonces sí reaccionáramos indignados. Eso no termina el 8 de noviembre, independientemente de quién gane la elección.

@Enrique_Acevedo