En voz alta

Misión imposible

La culpa no fue de la minoría. Los latinos respondieron entregando el voto popular a Hillary Clinton, además del margen necesario para ganar los estados de Nevada, Colorado y Virginia. También cerraron la histórica ventaja republicana en lugares como Texas y Georgia, y llevaron a un récord de 38 hispanos al Congreso de Estados Unidos, entre ellos la primera senadora latina, Catherine Cortez Masto.

Las encuestas de salida señalan que uno de cada tres electores latinos votó por Donald Trump. De confirmarse —la firma Latino Decisions ubica el apoyo a Trump en apenas un 18%—, el candidato republicano habría logrado un mayor porcentaje del voto latino que Mitt Romney, Bob Dole y Bush padre, pero menor al que ganaron John McCain y George W. Bush.

En las mismas encuestas, Hillary obtuvo 65 por ciento del voto latino, un apoyo similar al que recibió el presidente Obama en 2008 pero, menor al 71 por ciento que logró cuatro años más tarde.

La expectativa de que el voto latino definiera el resultado de la elección presidencial resultó insostenible ante la configuración de un mapa electoral dominado por la clase trabajadora en el corazón industrial, una de las regiones menos diversas del país. Con excepción de Florida, el grueso de los 27.3 millones de latinos habilitados para votar en Estados Unidos se concentra en estados que no determinan el resultado del Colegio Electoral: California, Texas, Nueva York e Illinois.

Si Clinton hubiera logrado defender Wisconsin, Michigan y Pensilvania, que han votado demócrata desde 1988, el triunfo en Nevada y Colorado le habrían dado la presidencia. Pero, aun con una victoria en Florida, la sorpresa que Trump y su campaña montaron en el llamado cinturón oxidado, habría resultado abrumadora.

Todavía no sabremos cuántos latinos salieron a votar en estas elecciones, pero sabemos que 27.3 millones estaban habilitados para hacerlo. Cuatro millones más que en 2012, lo que representa el mayor incremento de cualquier grupo étnico en Estados Unidos. Los latinos son cada vez un bloque más poderoso.

Habrá muchas lecturas sobre qué falló —además de las encuestas— en la estrategia de Hillary, pero la realidad es que 6 millones menos de personas salieron a votar por Clinton de las que lo hicieron por Obama en 2012. Mujeres, afroamericanos y en menor medida jóvenes latinos que nunca vieron a Clinton como una candidata viable. Trump no ganó la elección, Clinton la perdió.

@Enrique_Acevedo