En voz alta

La primera semana de Trump

La agenda de los gobiernos populistas, en la izquierda y la derecha, siempre comienza limitando la libertad de expresión y atacando los derechos y las motivaciones de la oposición.

Para saber qué tipo de líder quiere ser Donald Trump sirve revisar su primera semana como presidente electo, en la que dedicó buena parte de su tiempo y de sus tuits, a criticar al diario The New York Times y a descalificar a miles de personas que se manifiestan en las calles de las principales ciudades del país.

Los tiranos como Trump justifican sus merecimientos a través del conflicto y por eso hacen todo para perpetuarlo, para ellos la estabilidad y el progreso representan una amenaza existencial.

Vivimos un momento que demanda sacudirse las ingenuidades. Donald Trump no va a cambiar y pensar lo contrario es una pérdida del tiempo que no tenemos. No lo hizo durante las primarias, tampoco durante la campaña y menos lo hará como presidente.

Contemporizar la idea de que la oficina oval y el tamaño de la responsabilidad que enfrenta de alguna forma van a moderar a una figura como Trump es tan absurda como la noción de que la solidez institucional y los contrapesos del gobierno estadunidenses, por sí solos, lograrán aplacarlo.

La defensa de las instituciones democráticas requiere de una vigilancia y un esfuerzo constante. No funcionan en piloto automático sin importar quien tenga las manos en el volante. Por eso, los próximos cuatro años representan un párrafo crucial en la historia de los derechos civiles y la defensa de los principios de la democracia liberal.

El cargo no hace al hombre. Mucho menos lo exenta de enfrentar las consecuencias de sus acciones. Donald Trump hereda las riendas del país que ayudó a dividir y que se niega a tratar de reconciliar.

En medio de un mar de incertidumbre, me queda absolutamente claro que debemos resistir la tentación de normalizar el fenómeno Trump. Nada de borrón y cuenta nueva para el presidente electo y su equipo.

Podemos darle el beneficio de la duda y consentir la idea de un Trump sensato, pero la democracia y sus libertades se oxidan rápidamente cuando no se ejercen. No hay tiempo que perder.

@Enrique_Acevedo