En voz alta

Cuba sin Fidel

Cuba no se paralizó con la muerte de Fidel Castro. En la capital los habaneros atienden sus labores cotidianas y con excepción de las actividades oficiales en la Plaza de la Revolución y el cortejo fúnebre hasta Santiago, las actividades en el país transcurren con normalidad.

La vida sin Fidel Castro avanza con aparente calma. No se ha visto la represión explícita del Estado en las calles, ni la algarabía de un pueblo liberado que muchos esperaban. En la isla el luto es genuino, y explica en parte la realidad cubana.

Esta fue una transición cuidadosamente diseñada. La historia no habría sido igual si Fidel hubiera muerto en el poder. Hace 10 años arrancó el proceso que ha permitido que hoy ante la ausencia de su hermano mayor, Raúl Castro permanezca en control del país.

El tiempo que he pasado entre México y Miami me ha permitido darme cuenta de que los extremos se han apoderado del debate sobre Cuba y que cualquier interpretación que no encaje en la narrativa de uno y otro lado será blanco de la descalificación. Si la plaza está llena es porque los obligaron a salir, dirían en Miami. Si la plaza está llena es porque todos los cubanos lloran la partida de su comandante, diría el Granma.

En medio de esta discusión quedan ahogadas las voces de muchos cubanos, la mayoría que entiende que la historia no es una película en blanco y negro.

En estos días parece que todos tenemos una explicación de lo que es Cuba y, aunque pasa por el filtro de nuestra formación individual y nuestra experiencia colectiva, no todas las partes lo reconocen.

@Enrique_Acevedo